Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez

Mujeres a la deriva

¿Para qué sirve una Secretaría de Equidad de Género?

¿No es, acaso, un gasto burocrático, prescindible? ¿Existe su equivalente en países desarrollados?

En los países nórdicos, paradigma de convivencia ciudadana, funciona el Ministerio de la Infancia, la Educación y la Equidad de Género. De acuerdo con la Agencia para los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, Dinamarca presenta la prevalencia más alta de abuso físico y sexual contra las mujeres (estudios del año 2014). Esto no significa necesariamente que ronden más abusadores: el flujo de denuncias también está ligado al grado de conocimiento que la víctima tenga de sus derechos.

En términos sociales, resultaría incoherente cualquier comparación entre esa región del mundo y Latinoamérica. No obstante, es preciso enfatizar: en los países del “primer mundo” –por cuya historia y fuerzas sociales la inequidad de género es un hecho ya casi superado– el aparato estatal entiende que es su obligación proteger a las minorías (desde una perspectiva política, no cuantitativa), sean mujeres, inmigrantes, niños...

En un país como Colombia, donde la justicia opera sin balanza y con los ojos descubiertos –para discriminar en el estrado–, se desconoce el poder dignificante de la sanción social. Aquí, los Bolillos y Otáloras (veo venir los “desagravios”) se salen con la suya; hemos sido testigos de cómo una mujer en el poder (Senado) avala públicamente la violencia de género. Aquí, donde los salarios entre mujeres y hombres con la misma experiencia y formación académica continúan siendo diferenciales (son escasas las instituciones con escalafón salarial por méritos), la presencia del Estado para defender los derechos no es optativa… ¡es obligatoria!

Un mes después de su posesión, parece que el nuevo gobernador de Antioquia, Luis Pérez, no ha tenido tiempo para la Secretaría de las Mujeres. Ayer, bajo la presión de activistas sociales, la gerente de Comunicaciones de la Gobernación de Antioquia, Érika Tobón, confirmó que el mandatario la designó como secretaria encargada.

Mientras transcurre esta improvisada repartición burocrática, en Caucasia, una niña de doce años, embarazada y con sospecha de estar infectada con el virus del Zika, permanece bajo protección del ICBF. En este caso, no es necesaria una interpretación exhaustiva de la ley colombiana (a menos que la niña fuese indígena, sometida a la justicia de su comunidad): es un abuso sexual aun si hubo consentimiento, puesto que se trata de una joven menor de catorce años. De acompañar y dilucidar esos “detalles”, velando por el respeto de los derechos de cada mujer, se ocupa una Secretaría de las Mujeres.

Viviana Osorio, investigadora de asuntos de Género de la Escuela Nacional Sindical, declaró en El Colombiano que en las altas esferas del centro administrativo de Antioquia ronda la propuesta de fusionar la Secretaría de las Mujeres con la de Participación, cargo que actualmente ocupa Liliana Rendón, quien sobre piedra talló las palabras: “Si mi marido me casca, es porque…”.

El último comunicado de la página web de la Secretaría de las Mujeres fue emitido el 23 de diciembre de 2015. El último trino, el 31 de diciembre.
 

 

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