Por: Beatriz Vanegas Athías

Mujeres sujeto y mujeres objeto

¿Por qué el destino de la mujer ha de ser tal, que tenga que ser siempre un hombre el eje de su vida?

Se preguntaba María Luisa Bombal a mediados del siglo XX. Y hoy, si uno aguza la mirada hacia regiones colombianas como las que integran el departamento de Córdoba, reconoce con decepción que la preocupación de la escritora chilena, no es asunto del pasado; por el contrario está más vigente que siempre.

Hace unos días fue noticia nacional una serie de fotos que circularon por la red de mujeres cereteanas desnudas. El asunto empezó a tener color de escándalo cuando se evidenció que una de las desnudas era profesora en un colegio de Cereté. Luego, la cosa pasó a mayores cuando se dijo que quien había hecho las fotos era el director de la Casa de la Cultura “Raúl  Gómez Jattin”. A estos sucesos siguieron la aparición de más fotos que mostraban a mujeres en pelotas en diferentes  estancias del bello  Centro Cultural Gómez Jattin.

La desnudez es un acto estigmatizado en nuestro conservador país. El cuerpo, que comete pecados, debe ser ocultado con la ropa. Cuando ocurre lo contrario o es una profanación, o quienes se sienten acusados de profanadores, esgrimen el argumento de que las fotos de desnudos son obras de arte. Estas dos posiciones han sido asumidas por los habitantes de Cereté, es decir, por parte del coro que clama reclamando respeto hacia la cultura y hacia la mujer y del voyerista que hizo las patéticas fotografías.

Pero el asunto se torna trascendente cuando nos detenemos en el simbólico lugar donde ocurrieron los últimos desnudos: el  Centro Cultural Raúl Gómez Jattin que ha sido el escenario- epicentro desde hace veintitrés años para la realización del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, creado en Montería por el escritor José Luis Garcés González y continuado y elevado a su mejor historia por la maestra Lena Reza García, figura de respeto en el ámbito cultural del Caribe.

Por él han transcurrido y elevado presencia y voces escritoras como Meira Delmar, María Mercedes Carranza, Elena Medel, Josefa Parra, Inmaculada Contreras, Yirama Castaño, Zurelys López, Mayda Colón, Nora Carbonell, Doris Moromisato, Piedad Boneth, Linn Hansen, Helena Boberg, Ana Ristovic, Stanka Hrastelj, Marusa Krese, Marta Miranda, Ana Martin Puigpelat, Verónica Aranda, Flor Aguilera, Lucía Estrada, Mery Yolanda Sánchez, Luz Helena Cordero, Patricia Iriarte, Margarita Galindo, Orietta Lozano, Cyndi Jiménez, Ela Cuavas y muchísimas voces que con sus versos y su presencia año tras año, han posicionado en el imaginario cereteano, un discurso diferente al de la mujer objeto que ha soportado ancestralmente el papel de sumisa esposa, prostituta; o botín de guerra o ser vasija reproductora.

Pero desde la administración de los alcaldes Francisco Padilla Petro y el actual Salim Chagüi Flórez,  el Centro Cultural “Raúl Gómez Jattin” ha sido dirigido por personajes sin ninguna representatividad cultural en la comunidad. El que barrunta cuadros; el que medio interpreta un instrumento musical, el que a duras penas  monta una coreografía; el que dice que es fotógrafo, en fin: cuotas de la politiquería en la que la cultura no es mirada como un hacer que puede cambiar el destino de los pueblos.

Entonces, allí donde la mujer poeta ha alzado su voz creativa e irreverente; donde se ha erigido año tras año como una figura que nada tiene que ver con el destino subyugado, aparecen ahora imágenes de  jóvenes que exponen su cuerpo como único atributo y discurso. Silenciadas, prostituidas por el lente de un hombre, en un retroceso cultural avalado por la ceguera de gobernantes que en pocos años, se empeñan en derrumbar un proceso de empoderamiento femenino que desde hace dos décadas, se ha desarrollado con el Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté. El Ministerio de la Cultura, debería echarse una pasada por esos predios.

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