Por: Luis Carlos Reyes

Narcos, García Márquez y el programa PACES

Durante mucho tiempo, a los extranjeros que conocí fuera de Colombia los clasifiqué en una de dos categorías: los que al enterarse de que era colombiano me preguntaban sobre Pablo Escobar y los que me hablaban de Cien Años de Soledad.

Pero tuve que confesar mi ignorancia y crear una nueva categoría cuando empecé a conocer economistas académicos del desarrollo que me preguntaban sobre el programa PACES.

El Programa de Ampliación de Cobertura de la Educación Secundaria se estudia alrededor del mundo como ejemplo de una política educativa antipobreza exitosa. Ya han aparecido dos evaluaciones de PACES en el American Economic Review, la publicación económica más prestigiosa del mundo. Pero pese a lo refrescante que es que nuestro país sea reconocido internacionalmente por una iniciativa educativa ejemplar y no sólo por las mismas cosas de siempre, los resultados de estas evaluaciones no han calado en el mundo de la política pública colombiana.

El programa PACES operó en Colombia en los años 90. Estaba dirigido a estudiantes de estratos 1 y 2 de quinto de primaria en adelante, y les otorgaba bonos educativos para pagar la matrícula en colegios privados. Como el presupuesto era limitado y hubo muchas familias interesadas, el Gobierno decidió repartir los bonos por lotería. Sin que ésta hubiera sido su intención, a través de la aleatorización terminó realizando un experimento idéntico a las pruebas clínicas de laboratorio que se usan para determinar la efectividad de las medicinas, cuyos resultados son conocidos como el estándar de oro de la evidencia científica. Tanto esto como el que en muchos países sea frecuente la propuesta de usar bonos educativos les llamó la atención a investigadores del MIT, Harvard, Case Western, el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo: era la oportunidad perfecta para zanjar una discusión muy relevante.

Los resultados son impresionantes. La evaluación de 2002 mostró que los ganadores de los bonos tuvieron menores tasas de deserción, mayor probabilidad de pasar el año, menor probabilidad de participar en trabajo infantil, y mejores puntajes en una prueba estandarizada realizada por los investigadores. La evaluación de 2006 halló un mejor desempeño en el ICFES por parte de los ganadores, al igual que tasas de graduación de bachillerato un 20% más altas. Un seguimiento publicado en 2011 por la Universidad de los Andes mostró un aumento del 10% en el acceso a la educación superior, y salarios 10% más altos para los beneficiarios. La inversión en educación asociada con PACES tiene un retorno del 700% en términos de los ingresos proyectados de los becarios.

Suele debatirse si las experiencias de otros países funcionan en el nuestro, pero en este caso no hay “pero es que aquí en Colombia” que valga. PACES tuvo un impacto positivo y duradero en la educación de miles de niños del país, que hoy en día son adultos más prósperos como resultado. ¿Qué estamos esperando para resucitarlo, esta vez a escala nacional?

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2015-10-15T10:20:36-05:00

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