Por: Felipe Jánica

A negar el ocio

La incertidumbre que ha generado el 2016, ha generalizado una negativa por hacer negocios de manera diferente o tratar de buscar nuevos caminos.

Lo cierto es que este año ha conllevado a la prudencia en los negocios, esa que por esta época recordamos como la que hace a verdaderos sabios. Pero quedarse en lo tertuliano de lo que pasó y sigue pasando en este año – para muchos de olvidar – es una opción que exacerba el ocio y atemoriza la productividad.

Es cierto, el 2016 ha sido una montaña rusa. En lo económico, hemos pasado por volatilidades propias de las decisiones sociales globales. Desde el BREXIT, la elección de Trump, y ahora la decisión de la FED por subir y seguir subiendo las tasas de interés en EE.UU., ha calado tanto en la economía global, hasta el punto de poner a tambalear a muchos inversionistas. Esa realidad global ha conllevado a una serie de restricciones en materia de inversiones para algunos. Por otro lado están quienes observan las oportunidades que se han generado por cuenta del cambio del orden mundial. Éstos, sin lugar a dudas, son quienes han negado el ocio y se han dado en la tarea de buscar y seguir buscando nuevos emprendimientos o emprendimientos corporativos en sus negocios.

En el caso colombiano, no nos hemos podido escapar de esa volatilidad global. Es más nosotros hemos tenido movimientos que también han logrado calar negativamente en nuestra economía. La creciente inflación colombiana, que por fin parece cesar un tanto, ha dado cuenta del principal impuesto y el más caro que pagamos los ciudadanos de a pie. La reforma tributaria que se titula como estructural y que claramente no lo es, intenta apaciguar los ánimos caldeados de una economía ralentizada. Todo esto al mismo tiempo en el que se intenta aceptar que la dependencia de los “commodities” en especial el petróleo ha sido la causa raíz de nuestros males económicos.

De esto último estoy más que convencido, pues si dependemos de la exportación del “commodity” negro y si se recibe cada día menos por cuenta de la disminución generalizada del precio internacional, el hueco en el presupuesto es más que evidente. Éste y otros factores como las recomendaciones de la OCDE, han sido los caballos de batalla de la reforma tributaria con la que tendremos que convivir los colombianos a partir de 2017. La pregunta es si el hueco fiscal que se incrementará progresivamente con el coadyuvante del posconflicto, se podrá disminuir con una reforma tributaria que realmente sea estructural o con la negación del ocio y por fin adoptar políticas de Estado tendientes a cambiar la nefasta dependencia de bienes primarios.

En el entre tanto, tenemos que seguir apostando por una disminución progresiva de la inflación. Para esto, el Banco de la República seguirá con su mandato constitucional de manejo de la política monetaria. Las preocupaciones en materia inflacionaria seguirán siendo apuntaladas por el descontrol de la tasa de cambio, la que depende de una nefasta correlación inversa con el precio internacional del petróleo y de otras decisiones como el incremento de la tasa de interés por parte de la FED. Esto último poco controlable. Lo que sí se puede controlar es evitar paros camioneros, incentivar la inversión extranjera y propulsar la productividad. La pregunta es cómo lo logrará el Gobierno de turno.

Así las cosas, el escenario del 2017 está dado. Seguir andando en el escabroso camino de la incertidumbre y la transición a cambios propios de la globalidad o por el contrario negar el ocio y buscar alternativas diferentes de negocio u oportunidades que se generan por cuenta de una nueva realidad tanto internacional como local. Mi apuesta es por lo segundo, pues de nada sirve darse golpes de pecho y pensar en lo que pudo ser.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Felipe Jánica

Estamos en el mismo barco

El momento de ejecutar es ahora

De la ausencia del espíritu emprendedor

De la trascendencia del producto o servicio