Por: Jaime Arocha

Neuronas para el No

Hace unos días, en familia recorríamos el maravilloso puente que atraviesa uno de los manglares del Parque Nacional Natural de la Ensenada de Utría. Por esta época, allá llegan las ballenas yubartas a parir sus ballenatos.


 

Andábamos a las carreras, porque a nuestros compañeros de embarcación les habían interesado más unos guaros bajo la cascada de Morromico o con la barriga al sol en Playa Blanca. De ese grupo, dos nos sorprenderían con sus visiones. Para ellos, las diminutas orquídeas que nos iba mostrando el guía no eran “orquídeas-orquídeas”, sino de esas matas que se les comen la comida a los árboles a los que se pegan. Así, aconsejaban que los guardabosques ¡arrancaran toda esa maleza! Justificaban sus amonestaciones porque eran viajeros recorridos por todo el país. De su último paseo a Cartagena, a uno de ellos le había quedado claritico que la Inquisición era para guillotinar a las que les ponían los cachos a sus maridos, por lo cual su compañero sermoneó que todos debían hacer como él, tener cuatro mozas. Retado, el anterior señaló hacia su damita de compañía, una adolescente negra, quien aburrida de tanta mata hacía ecoturismo pintándose las uñas y oyendo reguetón en su smartphone. Para reafirmar sus competencias históricas, ese fogoso amante dictaminó que Cartago habría podido ser la capital del Virreinato de Colombia, pero al virrey que mandaron no le había gustado la casa que le que le habían hecho.

Fabuladores a partir de interpretaciones absurdas de la naturaleza y la historia: al hallazgo le daba realce el poco tiempo transcurrido desde que las grandes ciudades colombianas se habían llenado de opositores a los manuales de convivencia escolar incluyentes de la diversidad de género. Es probable que quien se ufanaba de sus concubinas creyera el infundio del Centro Democrático en cuanto a que el castrochavismo es permisivo con la homosexualidad y que esa será otra de las imposiciones que les harán las Far a todos los colombianos por cuenta de los Acuerdos de Paz. Dentro de esas lógicas tienen que ser inconcebibles realidades contrarias: los gays victimizados en Cuba al extremo del suicidio, como hizo Reinaldo Arenas luego de terminar su autobiografía Antes que anochezca. O William Cárdenas, expulsado de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, luego de que amara a su profesor, según Leonardo Padura en El hombre que amaba los perros.

Navegando frente a esa otra maravilla que es el archipiélago de Jurubirá, no podía sacarme de la cabeza esas neuronas elementales que se despedían diciendo que dios lo bendiga.

Muy difícil imaginar que —enfrentadas con el plebiscito que podrá moldear porvenires por fin amables para nuestros nietos— consigan identificar mentiras como la de la futura imposición de la propiedad colectiva al final de nuestra guerra. Para esas mismas personas, ¿qué puede significar la idea de justicia transicional? El Sí implica digerir un acuerdo cuyas complejidades persisten aun en versiones como la que Las2orillas divulga para dummies.

Crece la condena a quienes han puesto en duda la inteligencia de los promotores del No. Tienen mucho seso y lo ponen a troquelar mentiras en mentes machistas que conocen al dedillo.

* Miembro fundador, Grupo de Estudios Afrocolombianos, Universidad Nacional.

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