Por: Mario Fernando Prado

No dijo ni mu

Durante la apertura del Congreso anual de la Cámara Colombiana de la Infraestructura, que está reuniendo por estos días a más de tres mil comensales, habló el flamante director de la ANI, entre otros funcionarios del Gobierno, del vicepresidente para abajo.

El doctor Andrade se refirió a las billonarias inversiones que se están haciendo a todo lo largo y ancho del país pero omitió un detallito que levantó sospechas entre la concurrencia: no dijo ni mu sobre el Ferrocarril del Pacífico (cuya propietaria es Fendwik Colombia en un 99%) operado por la multinacional que abandonó la concesión hace varios meses y a la que inexplicablemente no se ha impuesto la multa de US$ 50 millones por su incumplimiento, habida cuenta que las razones que adujo habrían sido fácilmente subsanables si existiera por parte de ellos el deseo de continuar con el negocio.

Sucede que la empresa concesionaria, filial de Trafigura —un monstruo que opera en varios países en los cuales ha tenido problemas similares— y para librarse de la multa —lo cual además le significaría poner en peligro un megacontrato en el río Magdalena de US$400 millones— está tratando de hacer una jugarreta: Endosarle su concesión a una empresa de papel —a decir de la Cámara de Comercio de Medellín— llamada Taller Industrial Ferrocarril de Antioquia Ltda., de la que aseguran que no tiene en qué caerse muerta, ni menos los US$ 30 millones que necesita para el case.

Así las cosas, Fendwick se libra de la multa, salva lo del río Magdalena y la nueva concesión paga los platos rotos, pero como no va a tener con qué, pues las cosas quedan en nada.

Mientras tanto, sigue Buenaventura sin una solución para el transporte de carga por ferrocarril, continúa el monopolio camionero haciendo de las suyas y se consolida una burla más al Estado colombiano, sin contar el perjuicio causado a los inversionistas nacionales a quienes la multinacional les sigue pasando por encima y a algunos trabajadores de la concesión a quienes aún no han liquidado, en un acto violatorio del régimen laboral.

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