Por: Alvaro Forero Tascón

No más plebiscitos para la paz

Hemos copiado lo irracional del Brexit, ahora podemos imitar lo sensato.

Fue irracional convocar un plebiscito sin tener que hacerlo, que las encuestas confundieran a los votantes, que los ganadores “no tuvieran plan A”, pero sobretodo, que la campaña estuviera dominada por el populismo, con engaños, miedos e indignación, al punto que cientos de miles o hasta millones votaron por el No creyendo en amenazas que no existían.

Aún estamos en negociaciones para mitigar los efectos negativos de implementar la decisión popular de no aprobar los acuerdos. Ojalá no nos suceda lo mismo que a Inglaterra, en donde los equivalentes al No —los Brexit— incumplieron. Porque ganaron con la promesa de que se podía renegociar el acuerdo con la Unión Europea para conservar lo bueno (libre circulación de bienes y servicios) y desmontar lo “malo” (libre circulación de personas). Y obviamente los europeos no iban a permitir que los ingleses se quedaran con todo lo bueno y ellos solo con lo malo, empezando porque eso impulsaría a otros países con inclinaciones antieuropeas a pedir lo mismo. Como es obvio que las Farc no aceptarán dejar las armas (lo bueno), e irse para la cárcel y nunca participar en política a nivel nacional (lo “malo”). Sin embargo, en Colombia no llegó al poder un gobierno cabalgando sobre la camisa de fuerza del Brexit, y el plebiscito logró, al contrario que Inglaterra, que se consolidara la bandera del Sí, la paz.

Lo sensato sería imitar el camino de sacar una decisión tan importante como la paz del terreno electoral, donde es tan frágil al populismo, y devolverlo al institucional, desde donde es posible tomar decisiones más reflexivas. Eso ha hecho la Alta Corte del Reino Unido al decidir que el Brexit no puede ser implementado por el Ejecutivo sin permiso del Legislativo. Por una razón simple, que habiendo sido el parlamento quien introdujo legalmente al Reino Unido en la Unión Europea, debe ser éste quien autorice la activación del artículo 50 del tratado para su salida.

El ejemplo inglés muestra que en caso de que se logre un nuevo acuerdo con las Farc, le otorgaría más legitimidad una refrendación por el Congreso, que por un nuevo plebiscito o referendo. Primero, porque una nueva consulta podría ser manipulada al punto de que pierda su efecto legitimante, pues se puede respetar un resultado cuestionado una, pero no dos veces. Segundo, porque la del Congreso también puede ser una refrendación popular.

Quienes tanto criticaron el acuerdo anterior por supuestamente sustituir las instituciones, no podrían oponerse a que la legitimidad del acuerdo provenga del propio Congreso. Ni podrán decir que la conformación política del Congreso es ilegítima, pues hacen parte de ella y ésta tiene una coalición partidista similar con la que gobernó el presidente anterior, con la que sacó adelante reformas como las reelecciones presidenciales, y que en temas de paz se amplía a partidos por fuera de la Unidad Nacional. Aunque un nuevo acuerdo no requiere refrendación, y su trámite por el Congreso es realmente una implementación, podría también tener condición refrendatoria, que en vista de los riesgos de las consultas populares en temas tan sensibles, podría resultar más sólida jurídica y políticamente.

 

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