Por: Hernán Peláez Restrepo

No puede ser

Uno se vuelve monotemático con el asunto de la selección colombiana de mayores, la angustia que provocaría quedar por fuera del Mundial 2018 y si Pékerman será capaz o no de sacar adelante el proyecto.

Simultáneamente otros tópicos de nuestro fútbol van quedando ocultos. Hoy quiero contar los padecimientos en la Liga de Fútbol de Bogotá. Van a completar cuatro meses sin pago los árbitros que semanalmente atienden en las distintas categorías los equipos afiliados a la Liga.

Por juego la liga recibe 40.000 pesos, que pagan los dos equipos. De ese ingreso se supone que los jueces reciben al menos 30.000 pesos, es decir, quedan $10.000 por partido para que la Liga pague sus gastos de funcionamiento y el arriendo de campos de juego.

No pagan porque está intervenido el comité ejecutivo y todas sus atribuciones suspendidas. Se nombró un comité provisional mientras llega el día de una nueva asamblea. Alguien –debió ser Álvaro González, de la Difútbol– puso en el cargo máximo a un señor de apellido Llinás. Indebidamente se están programando partidos en Mosquera, municipio cercano a Bogotá, cuando es de suponer que la Liga opera en la capital.

Hubo una especie de auditoría externa y hay una cantidad enorme de irregularidades. Me dieron números celulares de Álvaro González. No contesta. Me remitió a su buzón, en el que dejé un mensaje explicativo y la respuesta que tuve fue más sorprendente: que le enviara por escrito la inquietud. Así lo hice y ni por educación conocí respuesta. Solo necesitaba confirmar el caso anómalo de la Liga bogotana.

Allegados a don Álvaro me dijeron que estaba en una de sus fincas. Otros, que regresaría después del 15 de febrero. De lo que estoy seguro es de que no andaba por Estados Unidos y menos saludando a Luis Bedoya.

Lo que interesa es que se ponga las pilas y mejore la realidad de la Liga de Bogotá. Puede nombrar a sus amigos, pero que operen y funcionen. Utilizando un dicho de la calle: en la Liga de Bogotá todo está manga por hombro.

 

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