Por: Beatriz Vanegas Athías

Noticias desde otra orilla

Escribo esta columna para convencerme que no sólo de sandeces, egolatrías, infamias incoherencias y banalidades está hecho este país.

Escribo esta columna para recordar que la poesía es una manera de habitar el mundo con honestidad. Y de ello sí que sabía nuestro poeta de Ciénaga de Oro, Jorge García Usta que por estos días de diciembre cumple once años de haberse ido físicamente.

Siempre en mí tu presencia/ Cosa necesaria y peligrosa/ Que sucede sin cansar diariamente/ El anterior es el poema que cierra un libro que leí hace dos décadas: Noticias desde otra orilla. Publicado por la legendaria editorial Lealon, en aquel texto de portada sencilla, por no decir fea, leí versos inolvidables en el que este poeta rendía tributo a sus héroes literarios, pero también a los de su orilla cartagenera en un ejercicio de acercar los mitos al lector desinformado y, con igual sutileza estética, mitificar los seres anodinos situándolos en el lugar al que la exclusión histórica los ha confinado.

Pude leer la hermosa Invitación a Vanessa Redgrave en la que le dice a través de  imágenes de una calidez tal para los sentidos: Usted tampoco/ha visto las lavanderas sonriendo/con sus brazos limpios tatuando el viento/(tienen ellas su misma sonrisa/ empecinadamente triste/ algo de sus ojos en las iniciales tardes/de Blackhead)/ lavando a la orilla de las babas del río (…)

Jorge García Usta, poeta y periodista. Intelectual a toda prueba ofreció literalmente su vida a la poesía, al periodismo militante por una Cartagena menos pacata y más incluyente. Y lo hizo con la coherencia que en tiempos de internet se ha ausentado de tantos personajes que fungen de escritores y hacedores de lucidez.

Vivió en tiempos en que sólo se leía a través de libros, revistas  y periódicos impresos, en la Calle del Coliseo. Edificio Chaljub- 5 Piso, cerca de la Iglesia San Pedro Claver de Cartagena de Indias. De esa dirección que aún conservo, recibí en los conocidos sobres de manila los voluminosos y rigurosos libros dedicados a sus maestros: El patio de Celia y Cómo aprendió a escribir García Márquez además del poemario que siempre me acompaña como primer libro a empacar en mis periódicos trasteos: Me refiero a Monteadentro de quien el maestro Héctor Rojas Herazo dijo: “He aquí una demostración escasa y profunda, de lo que la inocencia, puede alcanzar con la palabra”

El poeta como un ser empeñado en rescatar las cosas esenciales y entrañables como el dolor de la ignominia, así recuerdo a Jorge: ADVERTENCIAS DE FACUNDO CANOLES: No es nada que el blanco/ cante la tarde/ sino la música que le pone/  No es nada que el blanco/ logre ver la luz de la sombra/ sino todos/ los que invita al festejo. /No es nada que el blanco/ viva muy feliz/ sino la sangre/ que eso cuesta.

 

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