Por: Manuel Drezner

Nuevamente la Orquesta de Israel

Volvió la Orquesta de Israel con Zubin Mehta, y nuevamente mostró ser una de las grandes orquestas del mundo musical de nuestros días.

Como ya se dijo en otra ocasión, Mehta es un director de altísima calidad que logra lo suyo con movimientos sobrios y de gran economía, en contraste con tantos directores orquestales que convierten su podio en una arena de gimnasia, con movimientos exagerados de brazos, saltos de toda clase, agitación de su larga melena y un continuo histrionismo que hace sospechar que todo eso lo hacen más para “descrestar” al público que por que la música o su interpretación así lo exijan. Igualmente, las cuerdas de la orquesta impresionaron y el total fue una gran experiencia musical. Muy curiosa la decisión de Mehta en la obra final del programa de poner las maderas al frente de la orquesta, delante de las cuerdas, quizá para mostrar hasta qué punto en la obra interpretada, la Sinfonía grande de Schubert, estos instrumentos tienen un papel central. Lo cierto es que la sonoridad cambió mucho en relación con lo que uno está acostumbrado, aunque sí hay que recordar que, en tiempos de Beethoven y de Schubert, los vientos se destacaban mucho más, ya que aunque el número de estos instrumentos era constante, las cuerdas eran mucho más exiguas, lo cual permitía la preponderancia de los otros.

Tengo mis dudas sobre el programa, que francamente fue discutible. Mientras que la vez pasada Mehta nos dio sendas sinfonías de Mozart y de Mahler, esta vez hubo una transcripción de un movimiento de un cuarteto de Tchaikovsky; una obra de Schumann para cuarteto de trompas y orquestas, novedosa, es cierto, pero que está lejos de ser de lo mejor del gran músico, y la mencionada sinfonía de Schubert. No sé si se justifica traer una orquesta a través de los mares para que toque obras que poco tienen de novedosas y que se pueden escuchar (con excepción del Schumann) con frecuencia. Nada de músicos israelíes, nada de obras poco escuchadas y, aunque uno conoce la tendencia de Mehta de no tocar mucha música contemporánea, nada de obra fuera del repertorio trillado. En especial, eso de tocar un movimiento de un cuarteto en un concierto sinfónico suena un poco a eso de música de salón tan común en otros tiempos.

Lo anterior aparte, el concierto fue musicalmente de gran envergadura, porque, sin duda, Mehta es un gran intérprete y la orquesta una de acabado tan grande que no importa en qué se la oiga, es delicioso ir a uno de sus conciertos. Pero, como decía el bobo del cuento: “Por la misma plata podrían haber hecho más”.

 

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