Por: Yohir Akerman

Nuevo rico

Los escándalos en Colombia duran lo que se demora en aparecer un nuevo escándalo.

Es decir pocos horas. Y aunque ya pasó la conmoción causada por el exorbitante y descomunal esquema de seguridad del exprocurador Alejandro Ordóñez, vale la pena analizar su caso para entender que esto no fue un asunto aislado, sino más bien parte de la cultura de funcionario público de Ordóñez y, peor aún, de su modus operandi.

En abril del 2009, tres meses después de ser posesionado como procurador, sacó una resolución sobre la seguridad de los funcionarios de la entidad, y por medio de esta aumentó estrepitosamente su esquema en comparación con sus antecesores. (Ver Resolución 109 de 2009 firmada por Ordóñez)

Su esquema quedó constituido por 73 personas y 14 vehículos, más grande que el de algunos ministros e incluso el vicepresidente.

La Policía le ponía 43 agentes y 2 carros, y la división de seguridad de la Procuraduría le fijó 30 escoltas y 12 carros. Fuera de eso, militares del Ejército vigilaban, y vigilan, su domicilio, pero el número de personas encargadas de esta función se mantiene bajo reserva.

Una exageración, sobre todo si se tiene en cuenta que la Procuraduría no persigue a guerrilleros, miembros de las bacrim o a narcotraficantes. No. Se encarga del control disciplinario de los funcionarios públicos.

Peor aún, el 9 de agosto de 2013, ocho meses después de su reelección en el cargo, el procurador modificó por segunda vez la regulación de la entidad y abrió la puerta para que exfuncionarios de esa corporación conservaran por cuatro años el esquema de seguridad. ¡Cuatro años! (Ver Resolución 327 de 2013 firmada por Ordóñez)

A raíz de la indignación generada por ese escándalo, se realizó un nuevo estudio y se redujo su esquema quedando en la actualidad con 19 escoltas y 9 carros, lo cual sigue pareciendo un derroche y, sobre todo, un costo enorme para los contribuyentes.

De los vehículos solo uno es de la Policía, mientras que la Procuraduría provee los otros ocho: cuatro para él, uno para su esposa y los otros tres para sus tres hijas.

Cómo no.

Pero no es el único escándalo de los escoltas de Ordóñez. No. El 24 de febrero de 2013, Noticias Uno publicó que la masiva caravana de Ordóñez había tenido un altercado con el señor Javier Rodríguez, uno de los vecinos del procurador, cuando ambos se dirigían hacia el Club El Nogal. Ordóñez en sus 14 camionetas blindadas y el vecino a pie.

En una de las esquinas del corto camino de la casa al Nogal, cuando el señor Rodríguez estaba cruzando y tenía el semáforo y la vía para hacerlo, la caravana casi lo atropella simplemente por darle paso al afanado ministro público. Vaya ministro público.

En la entrada del prestigioso club, el señor Rodríguez respetuosamente le hizo el reclamo al procurador, a lo cual el ministro supo responder de la mejor manera: preguntándole a Rodríguez, ¿usted no sabe quien soy yo? (Ver Video de acusación)

Así como se oye.

Una actitud que se espera de un mafioso nuevo rico, pero nunca de un Procurador General de la Nación, un cargo que exige ser un ejemplo para todos los funcionarios públicos.

Lo bueno es que gracias a todo esto podemos saber, realmente, cuál es la función que le atribuye Ordóñez al servicio público: poner las instituciones, sus recursos y poder a su servicio personal y no el de los colombianos. Muy importante tenerlo en cuenta para sus aspiraciones presidenciales futuras.

@yohirakerman
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