Por: Oscar Guardiola-Rivera

Nunca

En todo el mundo, los del No se han convertido en los del Nunca. El no a los inmigrantes llevó al Brexit; el no a Sanders, los latinos y Black Lives Matter engendró el cesarismo de Trump; los corruptos patriarcas blancos del Brasil dijeron no a Dilma y al hacerlo congelaron un proceso de cambio global, y el no al acuerdo de paz en Colombia ya cuenta en su haber con al menos treinta muertos desde el inicio del cese el fuego.

Lo común a estas negativas es su revisionismo del pasado y la voluntad de cerrar el camino a un futuro diferente. El mensaje es claro: después del No, Nunca. Sería fácil culpar tan sólo a las derechas de predicar la desesperanza y pescar en río revuelto. Pero también los liberales y la izquierda identitaria deberían mirarse al espejo y aceptar su cuota de responsabilidad. La izquierda derrotista prefiere afirmar que el capitalismo desaparecerá, así haya que esperar a que sus consecuencias provoquen la extinción de la especie humana.

Y los liberales, por ejemplo los columnistas inteligentes que en Colombia apoyaron el No, argumentan que en su debilidad el Gobierno hizo caso omiso de la noción “tradicional” del buen vivir, cuya proveniencia es amerindia y que sería algo así como una versión rural y antimoderna de la lucha de clases presta a sustituir el ideal “moderno” del bienestar ligado al individuo.

Sobre esto último cabe decir, de una parte, que resulta desconcertante poner en el mismo argumento la lucha de clases moderna y una noción que el propio argumentador (des)califica como antimoderna. La “izquierda” al otro lado de la mesa aparece mal representada de esta manera como todo (moderna y antimoderna a un mismo tiempo) y nada (incapaz de asumir la liberación moderna del individuo).

De la otra, manifiesta una confusión sistemática entre modernidad, capitalismo e Ilustración. Quienes defendemos la Ilustración desde la izquierda (el universalismo de la Crítica y el de la Revolución haitiana) lo hacemos en el entendido de que el liberalismo demócrata no es el fin de la historia, puesto que nadie puede saber dicho final de antemano (Kant) y entonces la historia está por completar. Así, el individualismo capitalista y colonial puede ser trascendido. Por ejemplo, al entender que el individuo y la cultura moderna no son exclusivamente eurocapitalistas. Ello da lugar al ideal normativo de una humanidad más integral, no sólo en teoría sino en la práctica (Fanon).

A sus 91 años, la filósofa chilena Carla Cordua define bien en qué consiste el nihilismo de los del Nunca: “El hombre de la civilización avanzada es vanidoso y desde su autosatisfacción quiere juzgar a gente que no es vanidosa. El progresismo tiene ese defecto. De que la actualidad es superior al pasado. Uno perfectamente puede pensar la actualidad como decadencia”.

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