Por: Hernán Peláez Restrepo

Ocho y nadie más

Me parece que debe destacarse el llamado al juego limpio en la fecha final de clasificación en la Liga Águila. No se presentaron escándalos ni rollos grandes, tal vez porque los comprometidos en sus aspiraciones sólo disponían de un camino y era ganar. Nada más.

Parece sencillo dicho así, pero no lo es tanto. En la jornada que realmente comenzó a las 6 de la tarde, como en un columpio infantil, las emociones iban y venían, crecían y decrecían las esperanzas. Nadie esperaba partidos de alto contenido, escasos, por cierto, sino entrega y ganar.

Ya quedaron los ocho, después de 20 jornadas, y ahora viene lo que se llama un angustioso mata-mata. Las mejores defensas, caso Santa Fe, apelarán a esa fortaleza. Otros, como el Medellín, a su poderío ofensivo, extraviado en el último juego con Millos. Otros intentarán hacer valer su eficacia en casa. Algunos irán a pelear a domicilio, con muchas precauciones. Como dice el dicho, todo se ve en la viña del Señor.

Pueden ocurrir imponderables, como pasó con el América en el cierre del juego en Popayán, en la definición del ascenso. Jugadores extenuados, cansados, sin reacción. Así se vio a Herner en un pique, donde lo dejaron lejos, y gracias al arquero americano, el empate se mantuvo.

También la presión de los hinchas y dirigentes, y el periodismo si se quiere, puede atentar contra la serenidad requerida para jugar 90 o 180 minutos con concentración y aplicación.

El que entró por el octavo lugar tiene tantas posibilidades como el primero.

No es un misterio afirmar que Atlético Nacional empieza como favorito, por sus recientes resultados. Por supuesto que tiene compromisos internacionales (dos), que podrían distraerlo y dar ventajas, pero para todos es válido aquello de jugar los partidos. De antemano nadie gana, y hasta el pitazo final, a no ser que el marcador sea catastrófico, nadie puede sentirse ganador.

Entraron ocho equipos y cada uno calibrará sus posibilidades y organizará, de parte de los técnicos, sus mejores fuerzas, recordando que juegan siempre los que están mejor, no los que insinúan voces externas.

 

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