Por: Arturo Guerrero

Oficios iniciales de la posguerra

El fin de las armas en la política es el comienzo de las tareas humanas en la política. Se suspende la matazón, el conflicto armado, y se abre puertas a otra clase de conflictos, los que vale la pena afrontar como raza inteligente.

 

 

En primer lugar es preciso ser rigurosos en la proscripción de armas. La oficina de prensa de la Marcha Patriótica divulgó antier miércoles una entrevista con el negociador de las Farc Joaquín Gómez, titulada “La dejación de armas es para ambas partes”.

¿Cómo? ¿La guerrilla pide desarme también del Ejército? Calma, calma. En el desarrollo del diálogo, el jefe guerrillero guajiro especifica el sentido del titular. Luego de opinar que Ejército y Policía tendrían que disminuir numéricamente, agrega: “las armas del Gobierno no tienen por qué participar en política, ni por qué usarse para matar sindicalistas, líderes sociales, populares y de izquierda”.

Es claro que el monopolio de las armas por parte del Estado no está en duda. Al contrario, finalizada la agria etapa guerrillera, las fuerzas institucionales han de emplearse de manera devastadora contra contumaces paramilitares, sus sucesoras bandas criminales, crimen organizado y mafias.

No habrá entonces disculpas. El Estado será único responsable de acabar con estos engendros que son en buena medida hijos o ahijados suyos. Lo han sido desde hace siglos. Los de hoy tienen creadores, financiadores y entrenadores demasiado esclarecidos, en el dual sentido de esta palabra.

Una vez desterrada la costumbre de aniquilar con machete o bala a los adversarios, Colombia les dará cara a tareas dignas de la civilización. Se habrá superado la barbarie.

El primer propósito ha de ser cerrar el precipicio entre las clases sociales. Desigualdad económica, inicua distribución de riquezas, opulencia de pocos contra indigencia de muchos: estos son nuestros “elementos del desastre”, para parodiar un poema en prosa de mediados del XX.

En él, Álvaro Mutis entrevió nuestro presente: “los guerreros, hermano, los guerreros cruzan países y climas con el rostro ensangrentado y polvoso y el rígido ademán que los precipita a la muerte. Los guerreros esperados por años y cuya cabalgata furiosa nos arroja a la medianoche del lecho, para divisar a lo lejos el brillo de sus arreos que se pierden allá, más abajo de las estrellas”.

Desde la medianoche del lecho, cincuenta millones de colombianos aguardan que cuando baje la nube de la guerra se logre pactar el pan para todos. Con esta mira es indispensable frenar el robo de la plata pública, la corrupción de los incesantes “reficares” que cada semana se destapan.

Es crucial concertar un modelo de desarrollo que no esquilme a los ciudadanos ni tronche la naturaleza. Las garras del neoliberalismo imperante y las uñas del populismo de izquierda demostraron ya una semejanza de propósitos y avaricias. Deberían ser declarados basura.

Estos son apenas los iniciales oficios con que ha de amanecer la posguerra.

[email protected]

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Arturo Guerrero

La verdad y la felicidad

“La negociación”, entre primates y aullidos

“We do need more education”

Que lo demás no sea silencio

Noviembre peligroso