Por: Hernán González Rodríguez

Opciones del No

Coincido con quienes sostienen que lo único que une hoy a los partidarios del Sí con los del No es que ninguno de los dos acepta continuar la guerra.

Desconfío, infortunadamente, de las rectas intenciones del presidente Santos cuando convoca reuniones para escuchar a los partidarios del No e insta a los negociadores para aprobar el nuevo acuerdo recluidos en La Habana, con la dedicación y el secreto de un “cónclave”, antes de finalizar noviembre. 

Para el presidente Santos resulta fundamental recibir el Nobel de Paz en diciembre, “por sus realizaciones y no por sus buenas intenciones”, habiendo firmando cualquier nuevo acuerdo.  Esta razón parece haber motivado su cambio del cese del fuego bilateral del 31 de octubre al 31 de diciembre.

No facilitará tal hecho el haber firmado 297 páginas sin contar con importantes sectores de la oposición, con exageraciones irreversibles, las cuales no parecen ser renegociables, tanto por culpa de las exigencias de las Farc, como de la debilidad del gobierno. Ejemplos de inamovibles para las Farc: Sancionarles sus crímenes de lesa humanidad; reformarles su Justicia Especial para la Paz; fumigarles sus cultivos de coca, condicionarles su participación en política…

Además, genera desconfianza que Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo dirijan las nuevas negociaciones. ¿Creerán todavía ellos haber firmado el mejor acuerdo posible? ¿Acaso no deberían participar en el “cónclave” dos o tres observadores de quienes votaron No?

En caso de que saliera humo blanco del “cónclave” con el fin de anunciar un nuevo acuerdo consensuado entre el gobierno, los voceros del No y las Farc, no creo necesaria la refrendación o la ratificación de este milagro. Pero si solo sale humo negro y deciden refrendarlo con un nuevo plebiscito, nada extraño resultaría que Santos perdiera de nuevo. Y si deciden aprobarlo en el Congreso con las mayorías del Partido de la U, no contaría este con el blindaje contra la justicia futura que tendría el humo blanco. 

Ojalá no resulten ser ciertos los rumores del humo negro: Santos y las Farc nos presentarán en noviembre casi el mismo acuerdo firmado el pasado 26 de septiembre con tan solo unas cuantas modificaciones cosméticas, con base en algunos cambios de pormenor propuestos. No se modificará nada sobre lo fundamental.

Se mantendrá, eso sí, la tesis de que el acuerdo queda incluido en el bloque de constitucionalidad. La Corte Constitucional revivirá pronto, tras “gestiones” del presidente ante ella, el Acto Legislativo para la Paz aprobado por el Congreso y rechazado en el plebiscito, el cual se aprobaría condicionado al triunfo del Sí.  Nos referimos al Acto que le otorgaba a Santos facultades extraordinarias para implementar o desarrollar los acuerdos, al tiempo que convertía al Congreso en un cero a la izquierda. 

Otro vaticinio del humo negro proviene de la reunión entre el presidente Santos en el Darién panameño y su homólogo de Panamá, Juan Carlos Varela: “Apenas tengamos ese nuevo acuerdo, yo sigo siendo el Presidente de la República y tengo todas las facultades constitucionales y legales para decir cómo implementaremos ese nuevo acuerdo. Y cuando lo tengamos ahí vamos a decir qué camino tomaremos para implementar los acuerdos, siempre respetando nuestra constitución y nuestras leyes”. Opino, Santos sigue creyéndose   el Rey Sol, Luis XIV, “El Estado soy yo”.
 

 

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