Por: Salomón Kalmanovitz

Para quién trabajó Petro

Peñalosa recibe de nuevo las arcas de la ciudad llenas, incluso más que el holgado presupuesto que le dejó Mockus hace 20 años: $3,5 billones y poca deuda.

En vez de administrar la ciudad, Petro anduvo de camorra en camorra, incluso contra sus propios colaboradores, que le renunciaron en oleadas: cinco secretarios de Gobierno, seis directores de Servicios Públicos (Uaesp), cuatro gerentes de Transmilenio y tres secretarios de Movilidad. Las excepciones fueron los secretarios de Hacienda y Educación, que hicieron una buena labor.

Los ingresos de la ciudad en 2014 fueron de $11 billones y los tributarios de $6 billones, creciendo 10% sobre el nivel del año anterior. Según Jorge Iván González en el portal Razón Pública, la modernización del catastro y su reajuste al 85% del valor comercial de los predios han logrado los aumentos aludidos, además de las valorizaciones, el cobro de plusvalía a los constructores y el impuesto a vehículos. A este aumento de impuestos le faltó legitimidad: los ciudadanos no sintieron que mejoraran su calidad de vida y en algunas localidades el aumento de los prediales desbordó los ingresos de las familias propietarias. La ciudadanía aceptará impuestos si los ve. Sería muy contraproducente que ahora los tributos se reduzcan.

Peñalosa llega a deshacer la orientación que pretendió darle Petro a la urbe: empecinado en el modelo saturado del Transmilenio, el nuevo alcalde ha descartado el metro subterráneo como una solución a la terrible movilidad de la capital; va abrir las compuertas a la urbanización de la Sabana; va a eliminar el cobro de plusvalía a los constructores que permitía que el Distrito apropiara parte de la renta que genera la riqueza colectiva de la ciudad, permitiendo su captura por manos privadas, y va a restringir la construcción en altura que en algunos casos fue irresponsable, como en el centro histórico.

En otros terrenos posiblemente haya continuidad, como relanzar los colegios en concesión que Petro respetó y ampliar la jornada escolar de 40 horas que se convirtió en propósito nacional, o en programas sociales, porque Peñalosa perdió en las barriadas de estratos 1, 2 y 3 y debe demostrar que va a gobernar para todos. Ha anunciado cambios en seguridad y en educación, a cargo de personas calificadas.

Lo que le faltó a Petro en capacidad de ejecución le sobra a Peñalosa con su equipo de economistas, financistas e ingenieros que puede que le den un vuelco a una ciudad que desesperadamente lo necesita. Se emprenderá la Avenida Longitudinal —no se sabe si respetando los humedales— para que parte del tráfico pesado no atraviese la capital. Mejorará la movilidad con la reparación de la malla vial y en especial de las intersecciones, la semaforización electrónica y la presencia de policías en las arterias y rotondas donde se forman nudos. El metro ligero que propone ahora Peñalosa iba a combinarse de todas maneras con el subterráneo del proyecto original; los nuevos estudios demorarán otro lustro y se pierden los $15.000 millones que costaron los actuales.

Bogotá es una ciudad demasiado grande para los medios de transporte con que cuenta y requiere soluciones de fondo. Es terco y desafortunado cambiar el diseño del metro, lo cual hará perder a la ciudad el financiamiento que le había aprobado el Gobierno Nacional al proyecto existente, no importa lo que haga Vargas Lleras. Ojalá Peñalosa no vuelva a dejar la olla raspada y a la ciudad embotellada para siempre.

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