Por: Columnista invitado

Peñalosa, mal rey

Consecuente con los decepcionantes resultados de las dinámicas democráticas en el mundo, ha renacido en mí el espíritu anarquista que blandí en la juventud.

Por: Alberto López de Mesa*

Hoy y aquí, me enervan las  constantes afrentas contra los principios de equidad de nuestra Constitución, me indigna el modo en que los medios de comunicación y las maquinarias políticas manipulan al electorado y, más, el abuso del poder de gobernantes elegidos en las urnas.

Para la muestra, en Bogotá nos toca padecer al rey Peñalosa, cuyo autoritarismo no se veía ni siquiera cuando los alcaldes eran nombrados por los presidentes. Desde su lema de campaña: “Vamos a recuperar a Bogotá” avisó que su gobierno sería una cruzada vindicativa y revanchista, enseguida, con soberbia insolente –y aunque la mayoría se oponga- él venderá la ETB y la Empresa de Energía sin importarle los efectos colaterales sobre los apoyos a la Universidad Distrital y a la protección de los recursos naturales de la Sabana, igual construirá carreteras sobre el humedal Van Der Hammen para abrirle el camino a las urbanizaciones de su corte de constructores.

Al rey Peñalosa no le importa el drama humano que implica la habitabilidad en calle y los vendedores ambulantes, pues en su noción de ciudad esas poblaciones son antiestéticas, no son negocio. Por capricho, arrojó a la basura los estudios y los diseños para el Metro subterráneo pese a que sus antecesores ya habían entendido que era el más futurista y conveniente para la capital. Todos sabemos que el sistema Trasmilenio colapsó, que es insoportable e indigno en horas pico, pero eso es lo que el rey decidió y le resbalan las críticas porque la mayoría del Concejo y los medios de comunicación son su corte, porque la burocracia es su séquito.

En su léxico no existen las palabras consulta, consenso, participación, aplicar esos valores, para él, es rebajarse, untarse de la plebe.

Pero es un rey subdesarrollado. Ninguna de sus obras ha merecido salir en las postales de la ciudad; la avenida Caracas es un adefesio visual y de polución, peor se verá con el metro elevado que decidió.

Antes de publicar mis columnas, las discuto con amigos y lectores allegados. Para esta me han dicho que además de la crítica al sátrapa proponga algo; pues debo decirles que no me rindo a ser vasallo y los invito a atender las ideas del poeta norteamericano del siglo XIX Henry David Thoreau para que practiquemos sistemáticamente la desobediencia civil.

*Alberto López de Mesa, arquitecto y habitante de calle

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