Por: Arlene B. Tickner

Pensar a India

Aunque el peso internacional de China y su importancia para América Latina se han vuelto un lugar común, incluso en Colombia, mucha menor conciencia existe sobre la ascendencia de India.

Se trata de la segunda población del mundo, la democracia más grande, la tercera economía y el mayor comprador de armas, con el segundo ejército y un presupuesto militar y fuerza laboral crecientes. Su ubicación geoestratégica en el océano Índico, por donde pasa el 80 % del comercio marítimo del petróleo y se congrega buena parte de los conflictos armados del globo, la ha convertido en blanco de “coqueteos” de China, Japón y Estados Unidos, ya que su inclinación hacia la una o los otros es determinante de la balanza de poder en Asia.

Pisa también los talones de Beijing en el continente africano, en donde ha reforzado sus lazos comerciales y de inversión, y buscado contrarrestar su “benevolencia” con la actitud “explotadora” china. En reflejo de lo anterior, el primer ministro, Narenda Modi, quien ganó las elecciones de mayo 2014 con la promesa de robustecer la democracia y la economía, y combatir la corrupción y la pobreza, ha insistido en la capacidad de India de convertirse en potencia mundial.

Con Brasil y México, Delhi ha establecido un asocio “estratégico” y “privilegiado”, mediante el cual ha ampliado sus relaciones bilaterales con estos países y coordinado sus posiciones dentro de espacios multilaterales como el G-20, la OECD y, en el caso brasileño, los BRICS, en torno a temas como el desarme nuclear, el cambio climático y las reglas de juego de la economía global, en búsqueda también de cierta vocería del Sur global. En contraposición a esto, la interacción con Colombia ha oscilado entre inexistente y tibia. Las relaciones colombo-indias tienen tan solo cinco décadas, mientras que entre 1995 y 2004 no se produjo ningún encuentro de alto nivel entre los dos países. Durante los once años posteriores, en los cuales se supone que Bogotá ha buscado diversificar la política exterior y reforzar la interacción con Asia, tan solo ha habido 14, ninguno entre cancilleres ni jefes de Estado y la mayoría concentrados en asuntos de negocios.

En la medida en que Colombia piense su política exterior en función de todo el mundo y no solo un fragmento de éste (Estados Unidos y América Latina), India tendrá que formar una parte cada día mayor de los esfuerzos de inserción internacional. Desde la tradición diplomática de no alineación, el tema de víctimas en el conflicto de Cachemira y la “guerra contra las drogas” en el Punjab hasta la adopción de un sistema de “pico y placa” en Delhi para combatir la contaminación, la medicina tradicional y la cultura, hay múltiples entradas para pensar la interacción colombiana con este gigante global en ciernes de forma más creativa.

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