Por: Piedad Bonnett

Periodismo y literatura

Una verdadera sorpresa resultó este año el Premio Nobel de Literatura.

Mientras nombres como los de Philip Roth, Adonis, John Banville o Julian Barnes siguen a la espera de ese reconocimiento, los académicos optaron por premiar a la periodista rusa Svetlana Alexievich, una persona mucho menos conocida. Y la premiaron por sus grandes reportajes, que dan cuenta de algunos de los conflictos más impactantes del Siglo XX: la guerra de Afganistán, la serie de suicidios provocada por la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas o la explosión nuclear de Chernóbil. Aunque es un género que tiene un extraordinario precedente en Hiroshima, reportaje de J. Hersey que ganó el Pulitzer, es la primera vez que el Nobel de Literatura se otorga a una obra periodística, en golpe a la ortodoxia que opina que el periodismo es una cosa y la literatura otra. Sin embargo, mucha tela hay aquí para cortar y muchas preguntas interesantes que hacer.

Diferencias entre periodismo y literatura, claro que las hay. La forma de servirse de la realidad, por ejemplo. Cuando hablamos de escritores —dejando aparte, por un momento, a los poetas— pensamos en personas que construyen mundos autónomos que, aunque estén inspirados en la realidad, son producto de la imaginación. Basta pensar en Shakespeare, Cervantes, Proust, Balzac. Mientras al escritor le interesa sobre todo la verosimilitud, al periodista le interesa la verdad, hasta donde ésta puede alcanzarse, por supuesto. Me lo confirman mis amigas periodistas. “La materia prima de un periodista no es la imaginación sino la realidad”, acota Ana Cristina Restrepo. “El periodismo narrativo es un género literario —afirma Patricia Nieto—. Su grandeza está en contar un cuento de la vida real, un relato imperfecto si se mira desde la crítica literaria ortodoxa. Pero es un texto vivo, habitado de lo que somos: olvido, vacío, historias que no se cierran. El reportero no puede, según el canon, imaginar la situación para llenar el drama o redondear el argumento. Tenemos un límite ético que es también un reto estético”. “En periodismo hay que oír, mirar, contrastar y dudar”, añade Ana Cano. “Tres años me he pasado viajando, preguntando: a trabajadores de la central, científicos, exfuncionarios del partido, médicos, soldados…” dice Svetlana Alexeievich en una entrevista que se hace a sí misma, donde habla de la escritura de su libro de Chernóbil. “Un suceso contado por una persona es su vida, pero contado por muchos es ya historia”.

Interesante esta reflexión en Colombia, donde se dan premios muy importantes al periodismo y también a la novela, y donde, me consta, en los concursos literarios se rechaza, de entrada, todo lo que sea no ficción. Porque se parte de un prejuicio: que un libro que narra hechos verdaderos es siempre periodismo, nunca literatura. Quizás ahora las cosas cambien. De lo que sí estoy segura es de que a un libro de ficción jamás se le daría un premio de periodismo. Aunque viéndolo bien, ya pasó, cuando Janeth Cooke ganó el Pulitzer por un reportaje donde todo era inventado. La despidieron de su trabajo y tuvo que devolver el premio. Dicen que, al ser consultado, García Márquez anotó: «Es injusto que le hayan dado el Pulitzer, pero también lo es que no le den el Nobel de literatura».

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