Por: Jorge Eduardo Espinosa

Periodismo y ¿objetividad?

No existe la objetividad en el periodismo. Ni tendría por qué hacerlo.

Con frecuencia, lectores y oyentes lamentan la “falta de objetividad” del periodista cuando, por ejemplo, presenta una noticia, hace una pregunta, participa en un debate, escribe un reportaje. ¿Qué exactamente quiere decir esta crítica? La palabra “objetivo” tiene, entre otras tantas, dos acepciones que podrían vincularse a una especie de gran cualidad en el ejercicio periodístico. La primera dice: “lo perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir”. Y la segunda: “desinteresado, desapasionado”. Periodista que así actúe, creen algunos, está haciendo bien su trabajo.

¿Será? El periodismo tiene todo que ver con observar y describir el comportamiento de los hombres. Esa mirada del reportero está, invariablemente, contaminada por las experiencias, las dudas, los prejuicios. Ejemplo: un periodista nacido y educado en Corea del Sur enfocaría una noticia relacionada con el partido comunista de un país X de una cierta manera que no puede separarse de su manera de sentir y de pensar. En su país, el comunismo –por la permanente amenaza que representa Corea del Norte, por el miedo que causa lo desconocido- es mirado con sospecha, con duda, con distancia crítica. Este ejemplo, que ilustra bien lo que pasa cada día y en cada redacción del mundo, no tiene por qué invalidar la mirada del periodista. El periodista no es una máquina.

Y esto me lleva al segundo punto. La otra acepción de “objetividad”, la que habla de lo “desinteresado, desapasionado”, cuando se aplica al ejercicio del periodismo solo puede resultar en mal periodismo. El buen periodismo requiere, exige, empatía. Y no hablo de ponerse en el lugar del otro, cosa imposible, sino de dar voz a los que no la tienen. Uno, en este oficio, que si algo requiere es pasión e interés, tiene el deber de hacer visibles las preocupaciones, los problemas, los dramas de quienes no tienen cómo hacerse notar. En el permanente contacto con el otro, con sus temores, dudas y alegrías, es que se produce el periodismo. No hay, en este sentido, nada más alejado del ejercicio periodístico que la “objetividad”.

Nada de esto se puede negar. Por eso, es imprescindible la transparencia. El New York Times, extraordinario periódico, escribe sus editoriales desde una mirada demócrata, liberal, pero lo hace honestamente, sin trampas, sin mentiras, sin apariencias de objetividad. El lector del Times sabe que esto es así, y lo sabe porque se lo han dicho, abiertamente, en las páginas del periódico. Ese lector, que en su libertad puede dejar de comprar el periódico o de leerlo online, lo que no perdona es que le mientan. El periodismo debe ser honesto, no objetivo. ¿Hay que dar voz a todas las partes?, por supuesto que sí. Publicar las dos o más versiones de una historia es requisito, juzgar cuál de ellas es verdadera es labor de los lectores.

@espinosaradio
 

 

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