Por: Armando Montenegro

PISA: luces, sombras y una duda

Los resultados de las pruebas PISA del año 2015 le dieron a Colombia numerosos motivos de satisfacción, pero también nos recordaron que todavía falta mucho por hacer y que subsisten graves problemas en nuestro sistema educativo.

Entre las buenas noticias hay que celebrar la mejoría en materia de los puntajes de ciencia y lectura, y también, en menor medida, de matemáticas. Entre todos los incluidos en el estudio de la OCDE, entre 2006 y 2015 Colombia fue el segundo país con el mayor avance en ciencias y el cuarto en lectura.

Entre los países latinoamericanos, estos resultados nos colocan cerca de México, bastante por encima de Perú y Brasil, pero por debajo de Chile y Uruguay. Sobra decir que Colombia tiene resultados bastante inferiores a los de países asiáticos y los más avanzados de la OCDE.

Entre los aspectos que continúan siendo preocupantes de la educación en Colombia, se pueden mencionar los siguientes:

(i)A pesar de la mejoría de los resultados globales en lectura, el 43 % de los jóvenes colombianos de 15 años, al terminar su educación secundaria, es analfabeta funcional (no pueden comprender textos de alguna complejidad que les permitan tener una vida laboral productiva). Este es un porcentaje escandalosamente alto. Eso sí, bajó con respecto al 47 % de la pasada medición.

(ii)Este asunto es mucho más grave en matemáticas. El 66 % de los jóvenes colombianos es incapaz de resolver los problemas matemáticos más elementales, necesarios para una vida adulta productiva (en los países más ricos, este porcentaje es de sólo el 23 %).

(iii)Entre todos los países analizados, Colombia exhibe el segundo porcentaje más alto (después de Argelia) de los alumnos que han repetido al menos un año de estudios. PISA insiste también en que la repetición se concentra en los colegios públicos, donde asisten los estudiantes más pobres. Y lo peor es que la repetición en Colombia aumentó en un 5 % entre 2009 y 2015.

(iv)La autonomía de las escuelas —la de sus rectores y profesores—, un elemento esencial para la mejoría del proceso educativo, es bastante menor en Colombia que en otros países. Esto es especialmente notable en lo que se refiere al manejo de recursos y la evaluación de los estudiantes.

La conclusión general es que la educación en Colombia ha progresado y se ha ubicado, más o menos, en el promedio de los países latinoamericanos, pero está lejos todavía de los países más avanzados. Para lograr progresos adicionales es necesario que los esfuerzos se redoblen y se mantengan durante muchos años. No es el momento de cantar victoria.

Una duda. La Silla Vacía afirmó que los resultados de PISA de 2015 no son comparables con los anteriores porque esta vez el Gobierno preparó intensivamente a los alumnos y colegios escogidos para presentar las pruebas (algo que no hizo en el pasado). Y las mismas cifras de PISA revelan algo sorprendente: en 2015, en Colombia había casi un computador por cada alumno, una cifra mayor que la de los países de la OCDE. Los observadores se preguntan si este es otro indicio de la preparación extraordinaria de nuestras escuelas y colegios para las pruebas PISA 2015. Para resolver estas inquietudes, el Gobierno haría bien en designar una comisión independiente que aclare estos interrogantes sobre la interpretación de los resultados que hoy celebramos.

 

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