Por: Augusto Trujillo Muñoz

Planadas es café

La Violencia del medio siglo XX, en la cual hunde sus raíces el actual conflicto armado, nació en el sur del Tolima.

Pero no nació porque sus habitantes fueran violentos, sino porque fueron violentados. Cuando las acciones de la fuerza pública contra la gente llegaron al sur del Tolima, sus campesinos prefirieron la resistencia a la huida. Y comenzó una historia épica que el país desconoce, porque no forma parte del registro oficial de los hechos. Planadas –que había sido fundada en 1932 y, en 1935, erigida como Inspección de Policía dentro del municipio de Ataco— se convirtió en uno de sus ejes fundamentales. Como resultado de la resistencia de los campesinos, que defendían su tierra y su vida, surgió la guerrilla armada. Gerardo Loaiza se convirtió en lidere de los guerrilleros liberales y Jacobo Prías Alape, conocido como Charro Negro, en líder de la guerrilla comunista.

La coincidencia de intereses aproximó a los dos grupos, que conformaron un comando unificado en “El Davis”, una finca situada entre los municipios de Ataco y Rioblanco. Pero su visión del mundo los separó hasta llegar a una división irreconciliable entre “Limpios”, que permanecieron fieles al liberalismo, y “Comunes”, que se proclamaron como brazo armado del Partido Comunista. En 1953 los liberales aceptaron la amnistía ofrecida por el general Rojas Pinilla y en 1959, después de la “Conferencia de Marquetalia”, los camaradas aceptaron la amnistía del Frente Nacional. ‘Tirofijo’ se desmovilizó para desempeñarse, durante cerca de un año, como Inspector de la carretera Planadas-Neiva, pero luego regresó a las armas. Antes de un lustro los “Comunes” se habían convertido en las “Farc”, para dar inicio a otra historia, esa sí, más conocida.

Detrás de aquella sucesión de acontecimientos –que, a veces, se confunden entre la historia y la leyenda— la cultura del café mantuvo la dinámica económica de Planadas. Yo visité la población en los años sesenta, siendo aún estudiante de Derecho, en compañía del entonces senador Rafael Caicedo Espinosa. Después de media hora en avioneta –no existía otro medio de transporte— se aterrizaba en medio de una hermosa vista de bosques y montañas adornadas con matas de café. En 1966 Planadas fue erigida en municipio, segregándola del territorio de Ataco.

El café sustentó la economía de Planadas desde su fundación, hasta que el abandono oficial, la pobreza de sus habitantes y las perversiones de una guerra ajena que sigue agobiando a los colombianos, empujó a sus campesinos hacia los cultivos ilícitos. Sin embargo el café no desapareció del todo y el siglo XXI trajo consigo su resurrección. Hoy sus habitantes dicen que Planadas produce el mejor café del mundo. De hecho en 2006 el café de la finca “La Isla”, de propiedad de Edith Enciso Yasso, obtuvo el primer premio “Taza de la Excelencia”, organizado por la Federación Nacional de Cafeteros, y el año pasado la finca “Buena Vista”, de Astrid Medina Pereira, obtuvo el suyo.

Este miércoles vinieron a Bogotá las autoridades de Planadas, encabezadas por su alcalde, el médico José Funor Dussán. Invitaron a los tolimenses y a los colombianos a su primera feria de cafés especiales, que tendrá lugar los días 21 a 23 de julio. Mónica Pinto, Directora de la Casa del Tolima, sirvió de anfitriona a un evento que no dudo en calificar de histórico. Los hijos de Planadas encontraron en el gobernador del Tolima, Óscar Barreto, y en la Federación de Cafeteros el apalancamiento necesario para proyectarse hacia la cumbre en la producción de cafés de alta calidad.

Con la resurrección del café empezó también una especie de resurrección de Planadas, hecha a pulso por sus propios hijos y por sus autoridades. En medio de la complacencia de los tolimenses, Planadas está cambiando su propia geografía política. Por décadas fue el corazón de la tragedia. Ahora se proyecta como razón de un trabajo constante y esperanzador. En medio de un Estado central que insiste en mirar más hacia sí mismo que hacia el país, los hijos de Planadas tienen derecho a recibir una mayor atención de los poderes centrales. Planadas sería el escenario obligado para suscribir unos pactos de paz que antecedan al desarrollo del post-acuerdo. Su vocación es el café, es decir, el desarrollo. No la Violencia que le botaron desde arriba.

* Exsenador, profesor universitario. @inefable1

 

 

 

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