Por: Julio Carrizosa Umaña

Política, economía y otras complejidades ambientales

Creer que solamente la política puede mejorar un país, es tan ingenuo como pensar que solo la economía puede conducir al bienestar de una nación.

La historia reciente muestra los límites de ambas formas de ver la realidad, sus simplificaciones de la complejidad, la ineficiencia y las contradicciones de sus modelos y sus instrumentos. La ciencia ya reconoce que el cerebro de los humanos tiene también otros objetivos éticos, estéticos, sensoriales y cognitivos, que el poder y el dinero son, más que fines, solo dos de los instrumentos posibles para lograr la felicidad.

Para construir la paz en Colombia es necesario reconocer esos límites, asignar al poder y al dinero sus funciones, tan necesarias como inconvenientes cuando tratan de abarcar la totalidad. Política y economía son parte de la realidad, pero solas están lejos de constituir la razón de las actividades humanas. Los principales científicos políticos y casi todos los premios Nobel de Economía han reconocido lo anterior, pero a nivel vulgar muchos malos profesores continúan repitiendo a sus alumnos que los humanos solo buscan el poder o el dinero. Al sostener eso se desconocen las posibilidades de que los humanos busquemos el conocimiento, el placer, la belleza, la bondad, la aventura, inclusive se niega la búsqueda de lo sagrado.

Esa insistencia en la búsqueda del dinero y del poder encuentra en Colombia fuertes obstáculos debidos a la gran complejidad de los ecosistemas que conforman la estructura de nuestro territorio. En mi libro Colombia compleja se proporcionan detalles acerca de las dificultades que encuentran aquí los que tratan de maximizar su capital y aquellos que insisten en controlar desde Bogotá todo el país.

Las implicaciones personales de las experiencias de vivir en Colombia se reflejan en los resultados del 2 de octubre; me refiero al 62 % de la población que decidió no votar a pesar de que se utilizaron todas las técnicas políticas disponibles para lograr su participación. Esos 25 millones que no votaron nos dicen que ya ellos no creen en la utilidad de la política y no me extrañaría que muchos de ellos piensen lo mismo acerca de las posibilidades que les ofrece la economía. Posiblemente todos ellos son personas que ya reconocen la extrema complejidad física y social de la situación y que han encontrado otras formas de sobrevivir o, inclusive, de vivir felices. La construcción de una paz real depende, en gran parte, de ellos.

*Miembro de Paz Querida

 

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