Por: Augusto Trujillo Muñoz

Políticas vs. realidades

Afirmó el editorial de este diario, el 22 del presente mes, que la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS), pone de presente una dicotomía entre las preocupaciones del país político y el suceso cotidiano de la realidad social.

En efecto, la encuesta arroja resultados según los cuales el 36,4 % de los hogares tienen jefatura femenina, con el ítem de que en los hogares urbanos el porcentaje se incrementa hasta el 39,6 %. Muestra, también, que el 11% de los hogares está constituido por una sola persona y –un dato dramático- que la mitad de los niños que nacen son no deseados. ¿Están las políticas públicas –se pregunta el editorialista- conscientes de esta nueva configuración?

Durante la presentación de la encuesta el ministro de Salud afirmó que semejante proceso de cambios debería ser parte del debate público. Tiene razón el alto funcionario pero, entonces, ¿por qué no plantea el debate? ¿Por qué no propone afianzar o modificar las políticas públicas –si es que existen- para que el país las discuta y las incorpore a la agenda nacional? ¿Avanza bien una sociedad multicultural en cuyo seno se produce aquel tipo de cambios o de transformaciones? ¿Está clara una posición, en el conjunto de la sociedad colombiana, sobre el nuevo tratamiento que deben tener estos temas?

Consigna la encuesta un dato muy preocupante: la tasa de embarazo adolescente en los sectores más pobres de la población es cinco veces superior a la de los sectores más adinerados. La cifra lleva a otra pregunta: ¿Quiénes son los responsables de semejante desequilibrio que, a todo parecer, se volvió crónico e incluso estructural? ¿Quién toma las decisiones que están incrementando las desigualdades? En su libro sobre “El capital en el siglo xxi” Thomas Piketty señala a los Estados Unidos como uno de los países más desiguales del mundo. Pero cita a Colombia con “un nivel de desigualdad aún más elevado que el alcanzado por los Estados Unidos en 2000-2010, por lo menos si se excluyen las plusvalías: al incluirlas, los Estados Unidos superaron ligeramente a Colombia a lo largo de los últimos diez años” (página 360).

La ENDS se refiere a unas variables específicas que “Profamilia” viene trabajando desde hace un cuarto de siglo. Pero su análisis induce a mirar más lejos. Hay una alta dosis de responsabilidad dirigente en la formulación y ejecución de las políticas que se definen en la cúpula sin consultar la realidad nacional. Además se definen violentando principios: a menudo, esas políticas, se deciden por autoridades judiciales cuando deben proponerse por autoridades administrativas y definirse por autoridades políticas. Hay otros casos en los cuales las autoridades monetarias toman decisiones que resultan teóricas porque la mitad de nuestra economía es informal. Y otros más en que se toman decisiones policivas, cuando la respuesta debe ser puramente social.

Tiene razón el editorialista de “El Espectador”. Llevamos demasiados años de políticas construidas sobre una Colombia que no existe. Está bien que el país intente sacudirse un falso pudor que no le deja mirar bien sus respuestas a los problemas expresados en la ENDS. Pero además es preciso superar la mala costumbre dirigente de desplazar hacia otros las responsabilidades propias. A veces me pregunto si tendría razón Álvaro Gómez Hurtado al afirmar con cierta dosis de humor: “Colombia es un país conservador de mayoría liberal”. De allí surge otra pregunta: ¿Acaso dejó de serlo?

*Ex senador, profesor universitario. @inefable1

Nota.- Esta columna no aparecerá durante las próximas dos semanas. Deseo a mis lectores el mejor suceso en el nuevo año.

 

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