Por: Mauricio Botero Caicedo

¿Por dónde empezamos, magistrada Bermúdez?

Haciendo abstracción, doña Lucy Jeannette, de las potenciales inhabilidades éticas y legales que usted tendría como magistrada para emitir fallos políticos al tener su cónyuge cuantiosos contratos con el Estado, y también haciendo abstracción de la muy cuestionable competencia del Consejo de Estado de desconocer la voluntad popular, considero oportuno y pertinente preguntarle si de engaños en elecciones se trata, ¿por dónde empezamos a desgranar la mazorca, magistrada Bermúdez?

Porque en elecciones los candidatos y los partidos prometen todo tipo de cosas que saben de antemano que no tienen ninguna posibilidad de cumplir. Entonces, ¿se deben anular aquellas elecciones, señora magistrada, en que las promesas jamás se cumplen?

Para no ir más lejos, doña Lucy, en una filmación bastante difundida en las redes sociales, el actual mandatario se comprometió a no aumentar las tarifas de los impuestos. Es más, ofreció grabar dicha promesa en mármol o en piedra. Por supuesto, dicha promesa no fue cumplida. ¿Se debería, señora magistrada, anular las elecciones, ya que al no cumplir una promesa se puede argumentar que hubo engaño? Por supuesto que no… Anular elecciones por incumplir promesas sería una burrada, ¿no es cierto, doña Lucy Jeannette?

Un reciente editorial de este diario, medio que ha sido firme y constante en su apoyo al Acuerdo de Paz, se refiere a la posición del Consejo de Estado sobre este tema: “¿Queremos que las cortes evalúen en adelante la pureza de la voluntad popular? ¡Insólito!... Más allá de que (el pueblo fuera engañado) sea cierto, y ya en estas páginas denunciamos tanto las mentiras del No como las ligerezas y amenazas del Sí, la pregunta de fondo es mucho más delicada: ¿acaso vamos a invalidar una elección porque, con un alto grado de condescendencia, asumimos que quienes participaron en ella lo hacían presos de las mentiras? ¿Cómo probar eso? ¿Quién, además, puede hacer ese tipo de juicios sin caer en sesgos políticos peligrosos? Llevando el argumento al ridículo, habría que poner entonces un examen antes de cada votación para ver qué tan informado está cada votante. ¿No está en la raíz de la democracia el derecho precisamente a votar con cualquier justificación que la conciencia individual desee?... la sola idea de invalidar una elección popular nos produce terror”.

El editorialista también se pregunta si la reacción de las Farc y sus simpatizantes ante las pretensiones incoherentes de la magistrada es desproporcionada y fuera de lugar: “¿La paz justifica este tipo de intervenciones en la voluntad popular? ¿Si no se tratase de este tema, ni de este gobierno, habría tanta complacencia con que una corte de unos cuantos le diga al país que su voto estuvo viciado? No todo puede valer en la persecución de un fin que, sí, es noble y urgente, pero que no elimina las reglas más esenciales del Estado, como que la voluntad popular es libre y, sobre todo, que se respeta”.

Por ultimo, señora magistrada, permítame repetir la opinión de un ilustre colombiano que votó por el No: “No es que fuéramos engañados. Es que no nos dejamos engañar”.

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Apostilla: Según el Financial Times, el presidente de Bolivia, Evo Morales, se postulará para la Presidencia de nuevo, a pesar de la derrota en el referendo. Evo es otro que se va a pasar por la galleta la voluntad popular.

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