Por: Columnistas elespectador.com

¿Por qué me gusta el Petronio?

Me gusta contar que, desde siempre, las expresiones culturales y artísticas han hecho parte de mi vida: tenía grupo de teatro y canté en un coro, y cuando ejercía como periodista, entre mis fuentes estaban grandes gestores culturales.

Ahora que estoy al frente de la vigésima edición del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, pienso en todas las personas que tienen relación con este evento: en los artistas, los productores y el público. Yo lo conozco desde que se hacía en el teatro al aire libre Los Cristales, lo he visto crecer y trascender fronteras. Lo he seguido en sus diferentes escenarios, que han cambian debido al auge y al aumento del público asistente.

Por mis quehaceres dentro del festival he tenido prerrogativas que pocos tienen y una de ellas es haber sido coordinadora de jurados en el 2014. Esto me permitió aprender que, más allá de la fiesta, están los puntos de vista de un antropólogo, de un músico, de una cantadora, y los análisis que se hacen para otorgar los reconocimientos a los mejores. Y descubrí que hay dos Petronios: el del goce y la alegría, y otro, el que ven los expertos, los que quieren que las tradiciones perduren y que no se pierda la esencia folclórica de este importante evento que en Latinoamérica celebra la cultura del Pacífico.

Pienso que el Petronio les ha servido a las comunidades afrodescendientes para concientizarse sobre el reconocimiento, la valoración y el aprecio que todas las etnias les hacen a partir de su cultura, que incluye la gastronomía, la música y los saberes ancestrales. Ni siquiera han importado las desigualdades económicas, porque la música nos reúne en comunidad. Las agrupaciones invitadas y las concursantes entienden que lo que producen tiene un valor incalculable, no sólo para sus compatriotas de las más lejanas regiones, sino que se aprecia y se reafirma como identidad cultural en el exterior.

Algo de magia tiene esta música que han guardado tan celosamente nuestros amigos del Pacífico. Tiene tanto sentimiento que uno encuentra en ella algo de ritual. Es por esa espiritualidad que en medio de la alegría que se vive cada noche, con tantas personas, uno percibe la música como si fuera un abrazo que nos cobijara a todos en una unión de hermandad.

Estoy esperando que empiece el XX Festival Petronio Álvarez el 10 de agosto, porque son 20 años de memoria viva que nadie debe pasar por alto y, pese a que no soy una mujer de rumba ni de multitudes, esta es una de las fiestas en donde más cómoda me siento, porque en ella, aunque somos individuos, hay algo que nos une en un solo sentimiento: es un evento en el que priman el respeto, la libertad, el reconocimiento al otro; es una fiesta plural en la que todos nos sentimos acogidos. Uno sale del Festival con una sensación de haber estado en algo único, diferente y esperanzador.

Luz Adriana Betancourt: secretaria de Cultura y Turismo de la Alcaldía de Cali.

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