Por: Hernando Roa Suárez

¿Por qué sí al plebiscito? Reflexiones

El sí nos traerá un nuevo ambiente de esperanza constructiva para nuestro gran país y vamos a construirlo.

Con la responsabilidad de haber consagrado 52 años de mi labor al servicio del desarrollo de  la democracia latinoamericana, me permito  invitar a los lectores, especialmente a los universitarios,  a que pensemos en el futuro;  este está vinculado a resultados afirmativos del plebiscito de octubre. Con el conocimiento que poseo de los valores de nuestra juventud,  les digo con firmeza: la mayoría de los colombianos, los más pobres y necesitados, se beneficiarán del al plebiscito. Tengo fe que el proceso de nuestra democracia, saldrá beneficiado  con una respuesta positiva. Colombia tiene una oportunidad histórica y la vamos a aprovechar con alegría y conciencia responsable.

He leído cuidadosamente el Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. Es un documento serio, elaborado responsablemente durante cuatro años. Es evidente que allí se plasmaron  -con visión internacional contemporánea- las mejores propuestas viables para salir de la encrucijada histórica de los colombianos y contribuir a la cristalización de la paz en América. Detengámonos entonces a pensar: ¿Por qué sí? Reflexionemos:

i.         Porque teniendo en cuenta el fenómeno de la globalización, la variable internacional ha sido, es y será fundamental en la formulación, implementación y evaluación del Acuerdo. La información que tenemos al respecto nos indica que, en tratándose del fenómeno de la solución a nuestras violencias en el intervalo 1948-2016, nunca se había tenido un respaldo tan abierto y sólido de la comunidad internacional  a la búsqueda real de la paz en nuestro país. Las manifestaciones explícitas de Naciones Unidas, del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional; del Banco Interamericano de Desarrollo, de la Unión Europea, de la Corte Penal Internacional, de los gobiernos norteamericanos, alemán, francés, japonés, surafricano… de la totalidad de los gobiernos latinoamericanos;  de la OEA, la Cepal, la Unasur, de los partidos políticos  colombianos: Liberal, Conservador, Unidad Nacional, Cambio Radical, Polo Democrático;  del papa Francisco, la Conferencia Episcopal de Colombia,  la Comisión de Conciliación Nacional, Adveniat, la Asociación de Cooperación para el Desarrollo, el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo y el Servicio Civil para la Paz…nos indican su aceptación y confianza sobre el proceso y el Acuerdo.

ii.       Porque el papel desempeñado por nuestras Fuerzas Militares y de Policía ha sido sustantivo en la configuración de los Acuerdos y el replanteamiento de su rol para el posconflicto. Las declaraciones recientes de los generales Mejía, Flórez, Mora, y Naranjo, dan seguridad,  respecto de su labor en la defensa de la democracia y, por supuesto, es  diáfano que no se ha hecho ninguna concesión a las FARC por parte de nuestras Fuerzas Armadas y de Policía. Existe información confiable para adelantar los ajustes institucionales apropiados, para cada una de las Fuerzas. Notemos que las reformas pactadas no ponen en riesgo la constitucionalidad del país y sugieren una renovación de la acción política para superar la pobreza y mejorar las condiciones de vida de los más pobres; y particularmente, los ubicados en el  sector rural.

iii.    Porque la evolución del proceso  colombiano, según el criterio responsable de Humberto de la Calle y sus asesores nacionales e internacionales, nos muestran que es el mejor camino posible para Colombia. La mayoría de los demócratas colombianos van a demostrar su grado de madurez para avanzar creativamente, porque el proceso de implementación de los Acuerdos  ayudará definitivamente a salvar vidas y acabar con una serie de barbaries que han hecho un daño inmenso a nuestra población, especialmente a los más pobres.

iv.      Porque el proceso está centrado en proteger a las víctimas, con toda la originalidad que esto conlleva  y, según reconocimientos internacionales que se han presentado después del 24 de agosto y aún antes. La lectura del libro: “EL CORAZÓN DE LAS VÍCTIMAS. Aportes a la verdad para la reconciliación en Colombia”, es de una gran utilidad para entender el papel real que se le ha dado a las víctimas. Así mismo,  según datos confiables, incluyendo los del Departamento Nacional de Planeación, conocemos que el costo económico y humano de la guerra es infinitamente superior al costo de la cesación del conflicto y la superación de la violencia con este grupo guerrillero.

v.         Porque el empleo de la justicia transicional es una herramienta sustantiva para avanzar. La juridicidad del Señor Rector del Externado, el Exmagistrado Juan Carlos Henao Pérez y de sus asesores, ofrece confianza. vi. Porque es el tiempo  para aprovechar la oportunidad de construir la paz y acabar radicalmente con la cultura de la ley del talión; porque el diálogo y el respeto deben ser dos herramientas sustantivas para la práctica de la política. vii. Porque es una ocasión apropiada para pedirnos perdón a fondo, por los errores y horrores cometidos históricamente; y porque es una coyuntura para que se emplee la búsqueda de la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición,  por encima de toda vanidad, ambición o miedo. viii. Porque es el momento oportuno para facilitar el surgimiento de nuevos líderes políticos democráticos, solidarios creativos y honestos; porque construyendo la paz debemos extirpar la corrupción de la práctica política. Recordemos que  la dejación de las armas y la vinculación de la guerrilla como partido político, fortalecen la democracia y amplía el campo de reflexión sobre el país que queremos. Antonio Caballero tiene razón: “De eso se trataba desde el principio. De que los guerrilleros pudieran volverse senadores para no seguir siendo guerrilleros. De que los excluidos del 57 pudieran ser incluidos”.  ix. Porque la revisión histórica del trabajo de la Comisión de Paz, prueba que han actuado inteligentemente y con  información confiable.

x.   Porque se utilizarán nuevos recursos presupuestales en forma gradual, para buscar la justicia social estructural y enfrentar el desempleo y las deficiencias en salud, vivienda, educación, recreación  y seguridad. xi. Porque el ambiente general de paz, favorecerá los procesos nuevos de desarrollo agropecuario e industrial. Así mismo,  facilitará integrar al desarrollo local, territorios tradicionalmente sin presencia del Estado y cuyos recursos naturales deben recuperarse. xii. Porque el desarrollo de “la industria sin chimeneas”, que es el turismo, se desarrollará  exponencialmente, para mostrarle al mundo la variada riqueza de nuestro país y la calidad de nuestras gentes constructoras de paz. xiii. Porque es un escenario estratégico para facilitar las acciones contra  el narcotráfico,  los residuos de paramilitarismo  y las  bandas criminales.

xiv. Porque creo serenamente que los universitarios no se arrepentirán de buscar salidas nuevas y frescas que nos ofrece el desarrollo de la Constitución del 91. No me cansaré de insistir en la enseñanza de un colombiano ejemplar: El Maestro Darío  Echandía. Él,  que conoció bien los impactos de las violencias abiertas y estructurales, nos recordó: “El odio ha sido el opio de los colombianos”. El plebiscito es un camino para extirpar el odio de las prácticas políticas colombianas; y  xv. Porque si hemos de ser reconocidos como defensores de la paz, deben existir manifestaciones expresas de nuestro compromiso; y en él, lo que está en juego es nuestro ser dinámico y creador, porque comprometemos no tanto nuestro presente, cuanto nuestro porvenir.

 [email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernando Roa Suárez

El liderazgo político. Análisis de casos (I)*

“El país que me tocó”

En torno al Estado y la gestión de calidad

El Gobierno y nuestro Estado