Por: Uriel Ortiz Soto

Por una navidad en paz

Por una navidad en paz, debe ser el propósito del gobierno y de todos los Colombianos, con el liderazgo del señor ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, doctor Aurelio Iragorri Valencia, toda vez que viene desarrollando magnífica labor en bien del agro; es allí donde han estado concentrados la mayor parte de los problemas sociales de nuestro País con grave impacto en las áreas urbanas.

La navidad que está próxima a iniciarse, bien interpretada de acuerdo a los cánones religiosos: es tiempo de paz, amor, reencuentro y reconciliación; debe ser la antorcha encendida para que la celebremos con la firma del acuerdo final de paz;  como están las cosas se estaría oficializando muy posiblemente para antes de navidad.

Que importante fuera si para la novena de aguinaldos que empieza el 16 de diciembre, pudiésemos vincular a todos los reinsertados y desplazados dispersos por todas las regiones de Colombia, para que en pos de perdón y olvido la recemos en comunidad, clamando siempre por una Colombia en paz, siendo la navidad la mejor oportunidad para manifestarlo.

Sería importante motivar a las juntas de acción comunal, para que en cada vereda se construya el pesebre, lo más natural posible, respetando las normas medioambientales, es decir, sin acudir a la poda de árboles, pero teniendo en cuenta los medios naturales que las rodean, como las fuentes de aguas cristalinas y otros recursos propios de la madre naturaleza que pueden convertirse sin necesidad de talarlos en motivos navideños.  

Al son de los villancicos, la novena de aguinaldos debe rezarse en comunidad, para después degustar el delicioso manjar de natilla y buñuelos, esto nos permitiría promover a todo lo largo y ancho de nuestra patria el folclor navideño como un símbolo de perdón, de paz y de grandeza, vinculando a todos los sectores de la vida nacional, pero extendiendo un mensaje muy especial a los reinsertados, desplazados y victimizados por la violencia guerrillera y paramilitar.

Los procesos de paz iniciados por diferentes gobiernos, no han sido del todo fallidos,  dejaron en las comunidades un aliento de esperanza, muy posiblemente el que actualmente se promueve logre cristalizarse para esta navidad; qué importante fuera si desde el Ministerio de Agricultura se promoviera esta iniciativa con el fin de hacerla oficial y engalanar los campos y ciudades con motivos navideños pero con mensajes de paz, reconciliación y olvido.

Desde luego, que para lograr el anterior objetivo, es procedente que rodeemos nuestras instituciones democráticas y nos unamos desde todos los ámbitos de nuestra patria a construir un modelo de paz con justicia social, estable y duradera, donde tengamos que ceder de parte y parte, para que al final de la firma del acuerdo, no haya ni vencedores, ni vencidos. 

El actual proceso  de paz que ya lleva buen tramo recorrido, ha generado conciencia de patria, y ánimo de comprensión entre las partes en la mesa de negociación, situación que es muy alentadora e importante, puesto que los espíritus prácticamente están desarmados, factor de vital importancia para allanar los caminos de las partes en conflicto.

El acuerdo de paz que más cerca ha estado de llegar al final, es el actualmente iniciado por el gobierno del presidente Santos, lamentablemente con una serie de falencias y favorecimientos a los grupos subversivos, razón por la cual el plebiscito realizado el dos de octubre pasado, dio al traste con dicho acuerdo, puesto que los colombianos del “NO” vieron que se estaban violando normas fundamentales de nuestro Estado de Derecho.

Debemos aceptar que este último proceso que lleva más de seis años de negociaciones, tiene  enemigos ocultos y agazapados: dentro del mismo gobierno, de las farc, como también intereses económicos de las partes en discusión.

Es que la inmensa fortuna que atesora las farc: dinero en efectivo guardado en canecas protegidas por chips en las selvas de Colombia, la de los bancos en el exterior, más los bienes raíces en manos de testaferros, según ellos, deben quedar muy bien aseguradas puesto que de lo contrario no van a cometer la ingenuidad de firmar el acuerdo para quedar en la miseria después de más de cincuenta años de lucha armada en contra del pueblo colombiano.

Después del plebiscito del dos de octubre, cuando el “No” gano por un pequeño margen, nos encontramos, en la recta final de un nuevo acuerdo, donde los líderes del “No”, y el gobierno vienen negociando, lamentablemente con un tiempo limitado que está causando serias preocupaciones no solamente en el gobierno, sino de los negociadores del “No”, que representan más del 51% de los votantes del reciente plebiscito, donde manifestaron muy claramente no estar de acuerdo con el proceso de paz firmado en la ciudad Heroica ante representantes de la comunidad internacional.

Más que el cese al fuego, la justicia transicional y las curules a dedo, debemos presentar desde todos los ángulos planes y programas de desarrollo, que nos permita concluir que tanto reinsertados, como desplazados deben pertenecer a una sola empresa: la de la prosperidad, para que los campos de Colombia vuelvan a reverdecer y nuestros pequeños y medianos productores tengan la plena garantía que sus productos van a ser comercializados.

Esperamos que los señores de la mesa de negociación de la guerrilla, comprendan que quienes vienen liderando el “NO”, no es que estén en contra del acuerdo de paz, pero, sí en la obligación moral y política de atender las sugerencias hechas por los colombianos el día del plebiscito.

Si leemos detenidamente las propuestas de los directivos del Centro Democrático, presentadas al gobierno y posteriormente enviadas a los comisionados de las Farc, se llega a la conclusión que todas las cuatrocientas sugerencias o recomendaciones están más que justificadas, algunas desde luego que podrían conciliarse, pero otras especialmente de la justicia transicional, es muy difícil que pasen la refrendación de la oposición al Gobierno.

Sin embargo, lo más aconsejable, es buscar puntos de equilibrio que permita llegar a las partes a un punto de encuentro, como por ejemplo, lo fue el empate técnico del plebiscito que si bien ganó el “No” fue por un pequeño margen, pero a partir de esa noche en que se conocieron los resultados, todos los votantes y lo que no lo hicieron, en un 99% vienen manifestando su apoyo incondicional al acuerdo de paz.

Considero que para esta navidad debemos poner a funcionar el sentido común de la razón, para que nos permita desarmar los espíritus y vivir un ambiente navideño de mucha paz, esperanza y reconciliación. 

urielos@telmex.nedt.co

 

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