¿Por qué se conmemora la Semana del Detenido Desaparecido?

hace 2 horas
Por: Luis Carvajal Basto

¿Posverdad? Nada nuevo. Simplemente, mentiras.

En esta era digital cada vez conocemos nuevas formas de alterar las elecciones o influir ilegalmente en ellas.

En Colombia, aunque los estrados judiciales están repletos de denuncias y contra denuncias por las diferentes modalidades de delitos electorales, el antecedente más importante es el de las presidenciales de 1970, cuando el ex presidente Pastrana pudo ganar por un fraude reconocido. ¿Y qué pasó?, pues ese hecho dio origen al M19 y abrió un periodo de violencia, pero el ex presidente  ejerció su presidencia sin mayores inconvenientes.

Después del ojo afuera no hay Santa Lucía que valga. Ninguna frase mejor para describir  las elecciones norteamericanas e inglesas en 2016. A posteriori se pudo conocer la influencia en ellas de falsedades, lo que no ha tenido  ningún efecto legal. La mentira no es inocua;  quita y pone gobiernos e impacta profundamente la economía y las Relaciones Internacionales. Luego de decisiones  difíciles de reversar, nadie habla de repetir elecciones. ¿No se debería? Todavía tenemos fundamentos éticos y morales, cuando los legales no operan.

El diccionario Oxford se adelantó a definir la palabra Posverdad como “…circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a las creencias personales”. Nada nuevo. Esa definición aplica para el enfoque Psicosocial que hace décadas utilizamos en Ciencia Política. Aclara que se trata de la política “posterior a la verdad” como si esta fuera “solamente” el resultado electoral aunque esté soportado en mentiras. Trata de explicar que emociones y sentimientos pesan más que la realidad objetiva. Si ello es así la definición aplica para “Posmentira”, más ajustada a la realidad, por lo que cabe esperar que la Real Academia Española se ocupe del asunto en mejores términos.

Esto nos acerca a una discusión acerca de la calidad de las mentiras en política: ¿Será mejor (o eficiente) decirlas de manera descarada que soterradamente? Pensaran  los consultores políticos. Cuando menos, puede ofrecer  “mejores” resultados: Así lo demuestra la afirmación con que atrajo la atención el hoy electo presidente Trump al afirmar: “Obama no nació en  Estados Unidos” y otras del mismo corte. Luego de confirmarse las mentiras la “gente” votó por él. Y ejercerá. ¿Nos dejamos engañar o, buena parte de nosotros, estamos de acuerdo en que nos engañen y pasamos agachados, como ocurrió en Colombia en el 70?

Ahora campañas basadas en mentiras no necesitan de medios “tradicionales” con responsabilidad profesional y editorial. Se hacen a pesar de ellos o contra ellos: para eso está la frescura, penetración  y candidez de Internet. Por cierto, para difuminar falsedades allí no se necesitan personas: basta  usar robots que multiplican mensajes a mayor velocidad. ¿Debe limitarse la Libertad en las redes? Claramente no, pero se requieren, cuando menos, reglas compartidas por todos. Si alguien las utiliza para difamar de alguien en particular o engañar puede ser sancionado, pero ¿Qué ocurre cuando se trata de una manipulación o mentira que afecta el interés general? Debería pasar lo mismo, pero  no es así.

En Estados Unidos las agencias de inteligencia confirmaron esta semana la intromisión Rusa en la elección. Trump respondió con una verdad a medias: “No hubo alteración alguna con las máquinas de votación”. Es que la manipulación de información y el  abuso  en las redes no se refiere a contar votos pero no deja de ser fraudulenta. Su gobierno será legal, porque ganó, pero ¿Alguien sabe si será legítimo? Tampoco conocemos  la manera en que se afectará su gobernabilidad.

Algo parecido ocurre con las encuestas, su elaboración y divulgación: deberíamos tener unos referentes mínimos respecto de los estudios electorales: no es lo mismo un sondeo local que una encuesta representativa de un  país, cosa que también es diferente a una muestra de las grandes capitales. Con relación a la metodología no es imposible establecer o auto establecer, por parte de las encuestadoras, unos estándares. Algo debe hacerse  si recordamos las diferencias enormes  entre estudios publicados y resultados  del plebiscito.

Como entramos en un año preelectoral y la campaña presidencial ya comenzó, las autoridades electorales y el gobierno, ya alertados por tantas lecciones, deben anticiparse y actualizar sus herramientas, para evitar que los acontecimientos  nos desborden.

@herejesyluis

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2017-01-08T21:00:59-05:00

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2017-01-08T21:15:41-05:00

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¿Posverdad? Nada nuevo. Simplemente, mentiras.

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