Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Preguntas por el futuro de Bogotá

El domingo pasado, conocimos la propuesta “Bogotá, lista para la gran transformación”, un informe del primer año y un abrebocas de Enrique Peñalosa sobre lo que se pretenderá incluir en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

En el 2017 se elaborará y discutirá el POT para Bogotá. La propuesta de la Administración tendrá que superar varias instancias donde la ciudadanía tendrá diversos niveles de participación. Una etapa de concertación ambiental con la CAR, que como autoridad ambiental debe revisarlo y asegurar que los temas ambientales y de riesgo están adecuadamente tratados. La revisión y concepto del Consejo Territorial de Planeación, instancia formal y obligada desde la planeación participativa, y la revisión, ajuste, aprobación o rechazo del Concejo de Bogotá. En todas las etapas se predice una activa participación ciudadana.

Muchas preguntas surgen una vez leído el documento. La primera gran duda es cuál es la relación que la Administración propone a la región circundante con la que hay una interacción intensa y dinámica. Para los municipios vecinos, el POT y la propuesta urbana de Bogotá son importantes. El crecimiento poblacional y el desarrollo o el caos social y ambiental que vivan las poblaciones vecinas están mediados por esta relación.

Sobre servicios ecosistémicos que la ciudad utiliza y que son esenciales para su vida cotidiana —agua, clima y calidad del aire—, hay poca referencia. No se dice cómo se piensa incentivar mediante compensaciones económicas a los municipios cercanos que asignan parte de su territorio para gestionar y conservar la llamada estructura ecológica principal que genera servicios ambientales que usamos a diario los bogotanos. Tampoco se habla de la deuda que la ciudad tiene con su entorno.

Respecto a la movilidad se habla de impulsar sistemas más sostenibles de transporte, lo cual es indispensable pero no suficiente. Para mejorar la movilidad no es suficiente con incrementar la oferta de infraestructura y hacerla más eficiente y rápida para movilizar cada día más personas por distancias mayores. Una importante contribución para mejorar la movilidad —la ambientalmente más sostenible—, es disminuir la necesidad de los desplazamientos diarios, en cantidad y distancia. Esto exige un complejo conjunto de medidas e incentivos.

Pongo como ejemplos didácticos: Las universidades, para disminuir el impacto que genera el desplazamiento de más de cien mil estudiantes diarios, deben generar descuentos a quienes demuestren que viven a distancias caminables de las universidades y al expandir sus sedes deben hacerlo en otras ciudades y no en Bogotá. Que los colegios se trasladen cerca de donde viven los alumnos y no seguir creciendo en los extramuros de la ciudad. Que las empresas que favorezcan el trabajo por internet tengan descuentos tributarios y realicen su expansión productiva en otras ciudades fuera de la Sabana de Bogotá para evitar que se urbanicen los mejores suelos de Colombia. El documento tiene mucho sobre cómo mejorar la oferta de transporte, pero poco para mejorar y hacer más sostenible la movilidad disminuyendo la demanda por desplazamientos.

Respecto a lo que propone sobre la Reserva Van Der Hammen, escribiré otro día, hay muchas dudas y preguntas.

* Miembro del Consejo Nacional de Planeación Twitter @Juparus

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Minhacienda y la debilidad de Minambiente

¿Qué significa frontera agropecuaria?

¿Crecimiento verde, un determinante?

Sí ambiental apoya el Sí fundamental