Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 7 horas
Por: Armando Montenegro

Prioridades versus reformas

Los gobiernos, por lo general, priorizan sus acciones de acuerdo con sus diagnósticos sobre los problemas más sentidos de la sociedad.

Las áreas de acción se escogen, en ocasiones, por medio de la discusión pública (como el proceso de paz en la última campaña presidencial), las encuestas de opinión que revelan las principales preocupaciones de la gente (la seguridad en las ciudades en la actualidad) y ciertos diagnósticos internacionales que muestran las desventajas relativas de los países frente a sus competidores.

Uno de estos instrumentos es el llamado Índice de Competitividad Global (ICG), que compara 140 países en numerosos aspectos clave relacionados con el crecimiento y el desarrollo económico. Según este índice, Colombia ocupa el puesto 61, con algún progreso en el último año.

Según el ICG, lo peor de Colombia son sus instituciones: logran apenas el puesto 114. Colombia tiene el lugar 135 en el costo del terrorismo para los negocios; 135 en nivel del crimen organizado; 132 en el costo del crimen y violencia; 131 en confianza pública en sus políticos; 131 en desviación de fondos públicos; 115 en favoritismo en las decisiones del Gobierno y 114 en independencia de la justicia.

Otra área en la cual Colombia está en la cola es la denominada “Eficiencia del mercado de bienes”. Allí se encuentra que sólo tres países tienen estructuras tributarias más dañinas que la colombiana (puesto 137). Sobresale también su marginación del comercio internacional. Colombia tiene una de las economías más cerradas del planeta. El país ocupa el puesto 132 en la variable que mide la relación entre sus exportaciones y el PIB (y 135 en la relación de importaciones al tamaño de su economía).

Como era de esperar, a Colombia no le va bien en infraestructura: tiene el puesto 84, con graves atrasos en materia de carreteras y trenes, con los puestos 126 y 106. También es vergonzoso el lugar de la calidad y cobertura de educación primaria (105 y 109, respectivamente).

Cuando se comparan estas calificaciones con la agenda de reformas del país, se encuentran varios aciertos. El proceso de paz con las Farc podría disminuir notablemente el terrorismo, la violencia y el crimen (quedaría pendiente la solución a los problemas relacionados con las Bacrim, las disidencias guerrilleras y otras formas de crimen organizado). Por su parte, el plan 4G intenta corregir el gran cuello de botella en el área de transporte. Asimismo, los ambiciosos programas educativos apuntan a eliminar el injustificable atraso de la educación básica.

También es positivo el hecho de que, con la entrega del esperado informe de los expertos, ya haya comenzado la discusión de la necesaria reforma tributaria estructural.

¿Qué queda faltando? En primer lugar, reformas profundas para reducir la corrupción, la debilidad de la justicia, la escasa calidad de la burocracia estatal y la representación política. Y, en segundo lugar, en materia económica, a pesar de que Colombia sufre hoy de una seria incapacidad para exportar bienes distintos a los commodities, poco se ha avanzado para reformar el funcionamiento de los mercados, modernizar el comercio internacional y las instituciones encargadas de la innovación y la competitividad. La ausencia de estas iniciativas seguirá siendo un lastre para la competitividad y el crecimiento del país en los próximos años.

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