Por: Luis Carlos Vélez

Proceso de paz: digan la verdad

En el momento de votar el plebiscito hay que tener en cuenta que su eventual aprobación es en verdad el inicio de una apuesta hacia la paz, no el final. Pensar que el día después de la votación es el final de la guerra, es irreal. En la búsqueda de la justicia, verdad y reparación hay un camino difícil, sin resultados absolutos ni previsibles.

No se puede asegurar que las Farc dirán toda la verdad, por lo tanto no es cierto que se beneficiarán totalmente de la justicia transicional. Tampoco es cierto que todos aquellos que se acojan al proceso, nunca volverán a la criminalidad, ya que eventualmente habrá algunos que no cumplan con la promesa y engrosaran las filas de las bacrim.

Pensar en absolutos en el tema del proceso de paz, para cualquier lado del argumento, no es real. No todo será perfecto, no todo será perverso. Esa es la verdad.

La implementación de los acuerdos es un acto de fe que, aunque delimitado por los puntos acordados en la mesa de negociación, se enfrentará a la realidad del tiempo, las oleadas políticas, la incertidumbre jurídica y el desgaste frente a la realidad nacional y global. Si el Gobierno les bajara a los cantos de sirena sobre el proceso, de seguro desarmaría muchos de los argumentos de caos que presenta la oposición. No es cierta la belleza que plantean los seguidores del sí, ni el espanto que aventuran los promotores del no.

Es imposible no sentir desprecio por las Farc, por cómo se comportan, por las muertes que han provocado, por su discurso arrogante y por sus posturas intransigentes. Sin embargo, el peor castigo que sus líderes van a enfrentar es la derrota en el campo en el que siempre quisieron ganar: el político. Si creen que lograrán el poder por esa vía, están equivocados. Su discurso anacrónico y sus planteamientos económicos ya sepultados por los fracasos en Cuba y Venezuela no les darán visibilidad vía voto popular. Sin armas, ni capacidad de costreñimiento, quedarán en el diván del desprecio nacional, donde siempre debieron estar. Eso sí, en paz.

En momentos que las encuestas muestran que el “no” se abre espacio a punta de verdades a medias, la estrategia del Gobierno debería concentrarse en la sinceridad absoluta y esta es: el plebiscito es la confirmación de un acto de fe hacia la paz. Uno que, aunque imperfecto, incompleto e incierto, es el mejor y el único hasta ahora construido para mejorar lo que hemos vivido en los últimos 60 años. Ese es un argumento poderoso, simple y sincero que Colombia puede, quiere y tiene la esperanza de entender. El resto es politiquería, amañamiento jurídico, y manzanillismo que tanto rechaza la nación y que es tan contaminante, que con tan solo acercarlo al proceso de paz es capaz de podrirlo todo.

Adenda

Es imperativo el castigo de los policías que agredieron y luego en el momento de la denuncia acosaron a los periodistas de Citytv. En momentos en que el país espera aún espera las conclusiones de la comisión especial asignada para el caso de la "Comunidad del Anillo", la institución no puede darse el lujo de tolerar otro escándalo. Si no hay castigo pronto y ejemplar, la prensa debería considerar no cubrir cuanta rueda de prensa, captura, video y evento de esa institución tan consentida por los medios nacionales.

 

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