Por: Ignacio Mantilla

Programa Fulbright en tiempos de paz

Hace un par de semanas se inauguró en la Sede Amazonia de la Universidad Nacional, en la ciudad de Leticia, la Cátedra Fulbright, dedicada en esta ocasión a la biodiversidad, el cambio climático y el desarrollo sostenible.

La mirada a la Región Amazónica desde este espacio académico internacional no sería una importante noticia, si no se tratara de un hecho histórico que debe ser destacado suficientemente, por cuanto es una evidente consecuencia de la finalización del conflicto armado con las Farc y, por lo tanto, del nuevo país que se observa desde el exterior; atractivo también como destino académico y científico.

En efecto, no de otro modo sería posible reunir hoy, cada vez en más regiones colombianas y con mayor frecuencia, a invitados internacionales de diferentes nacionalidades para adelantar seminarios, ofrecer cursos o realizar pasantías de diversa duración, con la venia de sus gobiernos o embajadas para trasladarse e interactuar libremente en nuestro país.

Un buen ejemplo de este cambio es el que ha experimentado este año el programa Fulbright del Departamento de Estado de los Estados Unidos, uno de los más importantes programas de movilidad académica en el mundo. Fue creado en 1945 y está presente en 157 países. Hoy cuenta ya con más de 360 000 exbecarios.

La Comisión Fulbright se apresta a celebrar en 2017 los primeros 60 años de su establecimiento en el país. Durante este periodo se han beneficiado hasta el año pasado, 2.618 becarios colombianos en Universidades de los Estados Unidos y 1.344 becarios estadounidenses en Colombia. Algunos de los exbecarios colombianos son hoy profesores e investigadores de gran reconocimiento, vinculados a las universidades colombianas, de modo que el efecto multiplicador de los programas de Fulbright para nuestro país es indiscutible.

De acuerdo con la directora ejecutiva de Fulbright Colombia, Adriana Gaviria, durante los últimos 10 años el número total de visitantes apoyados por Fulbright ha sido en promedio 44 cada año. Pero en este año se ha alcanzado la sorprendente cifra de 101 investigadores, que han visitado el 63% del territorio nacional y por primera vez han llegado a departamentos como Huila, Norte de Santander y Amazonas.

Es este el caso del profesor estadounidense Richard Wallace, quien ha estado vinculado durante el último semestre a la Sede Amazonia de la Universidad Nacional. Es la primera vez que un científico norteamericano, financiado por un programa estatal, con contrapartida de la Universidad Nacional, recibe el aval para una estancia de un semestre en un campus de nuestras fronteras.

Lo anterior no hubiese sido posible hace tres años, por ejemplo, si se tiene en cuenta que las recomendaciones sobre la seguridad y las restricciones para ir a ciertas zonas del país, eran barreras insuperables para que los investigadores vinieran y desarrollaran sus proyectos en algunos lugares, teniendo que privarse ellos y nosotros de adelantar investigaciones científicas de interés mutuo.

Además de esta nueva presencia académica, nos llena de satisfacción saber que en el año 2016 se otorgó el mayor número de becas Fulbright a colombianos, con un total de 228. Esto ha sido posible también gracias al nuevo acuerdo entre el ICETEX y la Comisión Fulbright Colombia, que permite el financiamiento de especialistas y estudiantes para promover la formación, la investigación y la docencia en estancias y pasantías de múltiples tipos y de diversa duración.

Otros programas de Fulbright han duplicado también este año su apoyo a estudiantes de nuestro país. Y en especial el programa de bilingüismo dobló   la participación de Asistentes de Enseñanza en Ingles (English Teaching Assistants – ETAs).

Todas estas positivas y alentadoras noticias demuestran un mejoramiento en el nivel de confianza hacia nuestro país y, especialmente, en las capacidades humanas y en el potencial académico de los colombianos que cada vez vemos más cerca la paz. No obstante tengo que decir que la respuesta a otros programas es reprochable y va en contra de una política de internacionalización académica como factor esencial para ser un país mejor educado. Tal es el caso del programa "Jóvenes Ingenieros", dirigido a estimular a estudiantes talentosos de los distintos programas de ingenierías de las universidades colombianas para realizar una pasantía de práctica o de investigación, hasta de un año, en universidades de Europa. Este programa financiado principalmente por Francia y Alemania está condenado a desaparecer, pues las contrapartidas del Ministerio de Educación y de Colciencias fueron suspendidas. El mismo riesgo se corre con otras iniciativas que exigen contrapartidas como manifestación real de interés recíproco por parte de los organismos encargados.

Si los recursos que se destinaban a la guerra van a ir realmente a la educación, como lo ha reiterado en distintas ocasiones y diversos escenarios el presidente Santos, los aportes para cooperación internacional y movilidad académica de los colombianos no pueden verse estancados, disminuidos o eliminados de las contrapartidas correspondientes, justo ahora, cuando los gobiernos extranjeros y sus agencias y servicios de intercambio académicos manifiestan un decidido apoyo, con real aumento de financiación y oferta de nuevos y audaces programas, que facilitarían al gobierno la obligación de llevar a la práctica sus propuestas para tiempos de paz y pos acuerdo, en materia de educación superior.

*  Rector, Universidad Nacional de Colombia

@MantillaIgnacio

 

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