Por: Mauricio Botero Caicedo

Promesas de difícil cumplimiento

Trump, como suele hacer todo candidato, les hizo promesas a sus electores que le va a ser muy difícil honrar, porque los pocos beneficios que pueda brindar a los estadounidenses se pueden devolver como un bumerán.

Uno de los compromisos de Trump es el de establecer una tarifa del 35 por ciento sobre las importaciones provenientes de México. El raciocinio detrás de esta promesa es que los fabricantes estadounidenses retomarían sus operaciones en EE.UU. y de esta forma reactivarían el empleo que supuestamente se había trasladado a México.

No pareciera que ni Trump ni sus asesores estén tan conscientes de las consecuencias que dicha tarifa puede acarrear. Como ejemplo, el costo al consumidor del carro medio de la Ford o Chevrolet importado de México pasaría de 25.000 dólares a 33.750 dólares, propinándole un golpe al consumidor estadounidense en un país en el que el carro, más que un lujo, es una herramienta de trabajo. En segundo lugar, haciendo óbice de los fabricantes de autopartes en EE. UU. que cerrarían sus puertas, la premisa de que los grandes fabricantes tengan la menor intención de reactivar sus operaciones en EE. UU. es bastante dudosa, amén de que, de hacerlo, muy posiblemente las nuevas plantas serían tan automatizadas que la generación de empleo sería mínima. Dos consecuencias adicionales traería un aumento unilateral de tarifas: la primera es la casi segura retaliación por parte de los mexicanos a productos provenientes de EE. UU. como el maíz, especialmente cuando otros proveedores como Argentina y Canadá estarían encantados de llenar el vacío. La segunda es que los países exportan precisamente para poder importar. Trump y su equipo se pueden encontrar con que las ventas de aviones Boeing o equipos Caterpillar a México disminuyan al haberse mermado la capacidad de importar de los “manitos”. Cualquiera de estas dos últimas alternativas puede causar bastante más desempleo doméstico en EE. UU. que el pretender, por medio de tarifas mal concebidas, reabrir plantas industriales que habían migrado al sur de la frontera.

Otra promesa que no le va a ser fácil a Trump cumplir es la de revivir la industria doméstica del carbón térmico, porque el declive de este combustible tiene que ver fundamentalmente con las fuerzas del mercado y no con políticas burocráticas o ambientales. El gas natural y las energías renovables, como la eólica y la solar, son más competitivas que el carbón térmico en precio e incuestionablemente más amigables con el medio ambiente. Revivir la industria del carbón térmico en EE. UU. implicaría regulaciones forzando su uso o apoyos masivos de parte de los contribuyentes, lo cual no parece factible.

Todo parece indicar que el señor Trump va a iniciar su presidencia teniendo que comerse varias de sus promesas. Pero no se puede descartar que Trump desate una era de proteccionismo en la que en Colombia tiene todas las de perder. ¡Ojo, mucho ojo, señora ministra de Comercio!

***

Apostilla: El autor de esta nota no puede estar más de acuerdo con el analista Carlos Medellín cuando en reciente artículo en El País afirma: “Pese a que los defensores a ultranza del Sí vociferaban que no había un mejor acuerdo posible y que en adelante los votantes del No ‘eran responsables de las muertes que ocurrieran’, lo sucedido desde el 2 de octubre ha demostrado lo contrario. Ni se desató la guerra, ni los del No cargamos con los muertos”.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mauricio Botero Caicedo

Bolsonaro no se explica sin Sergio Moro

Superando la trampa de la pobreza

¿Qué sigue al bla, bla?

Los nuevos “intocables”

El que primero termine en el suelo