Por: Nicholas D. Kristof

Putin, Trump y nuestra elección

Algunos líderes extranjeros se conforman con robar miles de millones de dólares. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, parece querer robarse algo más valioso: una elección presidencial de Estados Unidos.

A medida que nuestra elección da un giro que pudiera ser extraído de una novela de espías de la Guerra Fría (con la excepción de que sería demasiado inverosímil), Putin tiene un obvio favorito en la contienda: Donald Trump.

“Para mí, es clarísimo” que Putin favorece a Trump, dice Michael McFaul, profesor de Stanford que fue embajador ante Rusia hasta 2014. “Si yo fuera Putin, también preferiría lidiar con Trump, dados los comentarios que él ha vertido sobre política exterior”.

Miren, los líderes del Partido Demócrata intercambiaron mensajes de correo electrónico inapropiados que mostraban parcialidad a Hillary Clinton por encima de Bernie Sanders, y la divulgación de un hacker ha desatado un alboroto en plena forma. Sin embargo, el escándalo palidece al lado de una campaña, al parecer por parte de una dictadura extranjera, para intervenir una elección presidencial de Estados Unidos.

También me parece escandaloso que Trump haya invitado a Rusia a “hackear” computadoras de Clinton en busca de mensajes de correo eliminados de cuando era la secretaria de Estado, diciendo en conferencia de prensa: “Rusia, si estás escuchando, espero que seas capaz de encontrar los 30,000 mensajes de correo electrónico que faltan”.

Sí, Trump es entretenido. Pero con frecuencia cada vez mayor, el antónimo de “dignidad” es “Trump”. Clinton pudiera haber respondido con una invitación a Rusia para que pirateen computadoras de Trump y divulguen sus declaraciones fiscales, pero no lo hizo porque la piratería sería ilegal y su declaración no tendría carácter presidencial.

En su conferencia, Trump también proyectó dudas sobre la idea de que Rusia había hackeado las computadoras del Comité Nacional Demócrata.

“Probablemente no es Rusia”, dijo, sugiriendo que pudiera ser China, o “algún tipo con un CI de 200 puntos”.

Así que, estudiemos la evidencia.

Dependencias de inteligencia de Estados Unidos han evaluado con “alto grado de confianza” que el Gobierno ruso estuvo detrás del hackeo, y empresas de seguridad privada han identificado dos equipos rusos de hackers que estuvieron adentro de computadoras de la CND. Un equipo se llama Oso Amigable y es vinculado con Oso Sofisticado y es vinculado a la GRU, o inteligencia militar de Rusia. Ciberexpertos están bien familiarizados tanto con Oso Amigable como con Oso Sofisticado.

La siguiente pregunta está en si Rusia también estuvo detrás de la divulgación de los mensajes de correo robados a WikiLeaks. Alguien usando el nombre Guccifer 2.0 alegó que era el autor del pirateo, negó la participación rusa y alegó que era romaní… pero escribió mal romaní. ThreatConnect, empresa de seguridad privada, emitió un meticuloso informe mostrando que Guccifer había usado un servicio de red privada virtual (VPN) y desplegado otros “fuertes rasgos de actividad rusa”.

“Guccifer 2.0 es una campaña de propaganda rusa”, concluyó ThreatConnect.

Después de hablar con los expertos, tengo la sensación de que hay considerable confianza en que Rusia es el culpable, pero más dudan con respecto a si Putin dio la orden y sobre si el objetivo era beneficiar a Trump o meramente crear destrucción.

“Creo que la explicación más probable es que alguien en los servicios de inteligencia rusos, probablemente en niveles muy altos, decidió ayudarle a Donald Trump”, dijo Benjamin Wittes, experto de seguridad en la Brookings Institution, pero agregó que no existe evidencia sólida para esto.

Una razón para la cautela es que la historia demuestra que la “comunidad de inteligencia” a veces es un oxímoron. En los años 80, Estados Unidos acusó a Rusia de conducir una guerra química en el sureste de Asia, aduciendo “lluvia amarilla” en selvas allá. Años más tarde, resultó que esta “lluvia amarilla” pudiera efectivamente haber sido excremento de abeja.

Los demócratas deberían tener cuidado en particular de insinuar que Trump es cierto tipo de peón consciente de los rusos, o que está controlado por Moscú a través de inversiones financieras. Es cierto que su hijo Donald Trump Jr. dijo en 2008 que “vemos mucho dinero llegando en grandes cantidades de Rusia”. Pero, ¿realmente creen que si Trump fuera un agente habría exagerado sus vínculos, como hizo el año pasado, diciendo de Putin, “tengo que conocerlo muy bien”? De hecho, Trump reconoció este miércoles que nunca ha conocido a Putin.

La razón por la que Moscú favorece a Trump no es algún tipo de conspiración. Simplemente, a Putin le desagrada Clinton, en tanto la combinación de Trump de ignorancia internacional y catastróficas políticas beneficiaría a Putin. En particular, las dudas públicas de Trump con respecto a la renuncia de la OTAN de más de medio siglo de ortodoxia bipartidista con respecto a cómo manejar a Rusia y socavar la alianza occidental que contiene a Putin.

Una pesadilla de especialistas de seguridad es que Rusia provoque agitación entre gente de origen ruso en Estonia, Letonia o Lituania y después use los disturbios como excusa para intervenir. Integrantes de la OTAN serían obligados a responder, pero, francamente, no es claro que lo harían; y la vaga retórica de Trump aumenta el riesgo de parálisis y un colapso de la alianza.

En ese sentido, Trump representa un riesgo de seguridad nacional para Occidente, y eso es razón suficiente para que Putin esté emocionado de verlo siendo elegido presidente.

2016 New York Times News Service

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