Por: Catalina Uribe

¿Qué aportan personajes como Morales y Lucio?

La discusión sobre la adopción por parte de parejas homosexuales, que ahora también está arrasando a las personas solteras, ha pasado por ciertas líneas discursivas bastante absurdas.

Se dice, por ejemplo, que se está buscando el bienestar de los niños y al mismo tiempo se les trata como ciudadanos de segunda, sin voz ni voto, en un debate donde debería importar la opinión de aquellos que tienen que vivir el día a día el abandono en los centros de adopción. Asimismo, se habla de los niños como una totalidad abstracta desconociendo que hay miles de niños LGBTI. Apoyar un proyecto que continúa estigmatizando a esta minoría claramente abandona y condiciona negativamente el futuro de quienes supuestamente buscan defender.

Pero adicional a esta retórica obsoleta sobre la niñez, la discusión volvió a batir la bandera de los llamados “valores tradicionales”. Se habló de una formación única y excluyente, de recuperar figuras arcaicas de lo “femenino” y lo “masculino” en la crianza, y de constituir un modelo de familia basado en valores que comulguen con el cristianismo, aunque claramente no con el amor por el prójimo. En últimas, estos “tradicionalistas” enfocaron su defensa en negar la inclusión, negar la posibilidad de un hogar, negar la participación de una minoría, negar voz a los directamente implicados, negar, negar y negar. La pregunta es: ¿qué han aportado, entonces, los conservadores tradicionalistas en los últimos años de historia?

Si miramos hacia atrás, todos los progresos que hemos conseguido en los últimos años, tanto materiales como legislativos, los han apoyado mentes liberales y abiertas. Son estas mentes quienes han defendido los valores democráticos al luchar para de que la mujer pueda votar, ir a la universidad, trabajar y ganar igual, para que los afrodescendientes no sean discriminados, para que las personas en situación de discapacidad sean tratadas con dignidad, para que se avancen programas contra la pobreza, y, en general, para que el Estado proteja a sus ciudadanos en lugar de atacarlos. Y aunque todavía falta agenda y muchos más avances, se puede decir que las minorías estamos significativamente mejor que hace algunos años gracias a los hoy denigrados “librepensadores”. Y, mientras tanto, ¿qué han logrado tradicionalistas como Viviane Morales y Carlos Alonso Lucio más allá de quedarse en la comodidad de su status quo reafirmando su pequeñísimo mundo normativo?

 

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