Por: Cristo García Tapia

¿Qué hacer por la Paz?

El Acuerdo de Paz, para el fin del conflicto armado de más de medio siglo en el que los colombianos nos mantenemos náufragos de una guerra que ningún colombiano quiere ni reivindicará jamás como su triunfo, asoma ya las alamedas de la nación conviviente, pacífica y dispuesta a reconstruirse y auto repararse que todos demandamos.

A renovarse en la unidad de destino que las sucesivas violencias padecidas le han arrebatado y por las cuales sufre la ruinosa incapacidad de su aparato productivo, las inequidades y exclusiones que limitan el ascenso, desarrollo y progreso social, las precariedades en cobertura y calidad de sus sistemas educativos, de ciencia y tecnología.

Al amparo de la guerra y como su consecuencia expedita, la corrupción crece y se reproduce más que el PIB, sustrae buena parte de los presupuestos de la salud pública, aniquila con el hambre y la desnutrición nuestros pueblos aborígenes, somete y copta la institucionalidad, rentas, presupuestos y territorios, diezma la justicia y sitia la universidad pública para sus fines clientelares, destruyendo su identidad, alterando el fin superior de servir el interés del procomún, fortalecer la democracia y promover la inclusión social.

Que haya un sector minoritario de la sociedad colombiana alineado con las lógicas de la guerra, con sus fines deshumanizantes y destructores de la riqueza nacional, entendida esta no solo como la acumulación de capital, bienes y rentas, cuanto está significando y visibilizando al interior del territorio y para la comunidad internacional, es que la gran mayoría de los colombianos y no un selecto sector de clase como ocurre con los voceadores de la guerra, está por el derecho constitucional, natural y legítimo  de la paz.

Por una nación que en tiempo real  construya  en paz y convivencia su progreso y desarrollo en todos los circuitos de su osatura social, humana, económica, jurídica y cultural.

Capaz de sobreponerse con la voluntad irreductible de su pueblo, del derecho natural y constitucional de vivir en paz, a las minorías clasistas usufructuarias de la guerra, de los beneficios económicos y políticos que su ejercicio genera y da en convertirse en poder para someter, despojar, excluir y sojuzgar.

A esas minorías clasistas que están contra la paz y la convivencia, que convocan y alzan desafiantes la bandera de la guerra, vamos, como demócratas integrales que somos, a derrotarlas por la vía de la civilidad, de la participación masiva en el proceso de refrendación de los Acuerdos de Paz que, al amparo del Estado Social y Democrático de Derecho, se negocian en La Habana entre el Gobierno y las FARC – EP.      

Suficientemente maduros estamos los colombianos para decidir por la paz  de nuestra nación; por la convivencia pacífica que le ha arrebatado a tres generaciones de compatriotas la guerra y la minoría de clase que la promueve; por la reconstrucción del tejido social, de la economía, del aparato productivo nacional; por la recuperación  y fortalecimiento de la universidad pública que la guerra ha repartido como botín.     

Para refrendar con nuestro Sí a la Paz, la efectiva construcción de la  Colombia incluyente en lo social y político que nos cercenó la guerra y la minoría de clase que la promueve y usufructúa en perjuicio de todos.    

Poeta
@CristoGarciaTap                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

 

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