Por: Catalina Uribe

Que robe pero que haga

Lleva un tiempo circulando en redes un video de Sergio Fajardo criticando uno de los grandes males colombianos: la creencia casi proverbial de que no es grave que los políticos roben mientras hagan.

 Se trata en últimas de alguna reformulación pragmática de la “reducción de la corrupción a sus justas proporciones” del presidente Turbay, con un giro adicional: no se trata de acotar el espacio del criminal, sino de negociar con él. El lío con el asunto, y lo que nos negamos a creer, es que los ratoncitos siempre crecen hasta convertirse en ratas.

Sin duda, hay ratoncitos decentes. Hay quienes roban por el lado y en sus justas proporciones. Y aunque es verdad que no todo malo es igual de malvado, el problema es que es sólo cuestión de tiempo para que la algo sucia práctica del “cómo voy yo” se degenere en la más absoluta pestilencia. La corrupción es una mafia, que existe por y para estar por fuera de la ley. Sin ley no hay reglas, por eso el que no sale muerto sale dispuesto a matar. No es fatalismo. La vida de la alcantarilla es corta y brutal.

Deberíamos recordar que al exdirector de la DIAN Juan Ricardo Ortega lo amenazaron, y sacaron del país, no los narcotraficantes, sino los contrabandistas. ¿Puede un poco de azúcar, un poco de gasolina y unos tenis Nike crear a los peores matones? Cuando la cosa crece, claro. Y las cosas siempre tienden a crecer. No en mucho tendremos que cerrar la DIAN, echar al piso la institución entera, despedir a justos y pecadores, y armar otra nueva. La corrupción daña tanto los cimientos que sobre ellos poco se puede construir.

Con Concejos, Congresos, Alcaldías, Gobernaciones y Presidencia el lío es distinto. No podemos cerrarlos y abrir otros nuevos. Los representantes directos son el país y son su fuerza porque son su libertad. Ninguna democracia se mejora a punta de dictadura, pero se degenera justo en eso. El futuro del país no sólo se juega en la guerra o la paz, sino cuando nuestra apatía levanta los criterios morales y transa actos de corrupción por mediocres resultados. Amigo es ratón del queso. No nos quejemos cuando el animal crezca y no sólo se lleve el queso sino la mano.

 

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