Por: Cristo García Tapia

¡Quién dijo miedo!

Cualquiera sea la circunstancia que lo produzca, el miedo es consustancial al hombre.

En ningún estadio  del largo proceso de hominización característico de la especie, puede demostrarse que el hombre haya logrado sobreponerse a ese reflejo incondicionado que siempre, emocional o físicamente, lo ha sometido y limitado.

A tal punto que proclamar el miedo como supremo derecho de su existencia, viene a ser como el conjuro que lo reafirma en él o lo libera del miedo a tener miedo.

Tal vez esa ficción de valor como antídoto del miedo, el derecho a tener miedo, sea la más efectiva aseguranza para asumir, o presumir, del coraje, arresto, que demandan circunstancias a las que nos vemos abocados en razón de actividades y oficios, generadores de miedo y temor, que ejercemos a lo largo de nuestra vida socialmente productiva.

Ineludibles, aquellas que por convicción y competencias elegimos libre y voluntariamente como está de contrariar, aunque esa no sea la intención, una opinión de rumiar uniforme, direccionada más por las emociones, sentimientos y prejuicios de orden religioso, político y de clase, que por la racionalidad y sindéresis que debería prevalecer en sujetos que se presumen de formación académica e intelectual por encima de la media.

Esos “verracos”, no pasan de ser muñeco de ventrílocuo, cuya condición de sujetos devino en la penosa y vergonzante de objetos de manipulación; en loros y cotorras repitiendo los ruidos, que no sonidos ni palabra, de sus “ídolos” y predicadores, por lo general pastores y políticos de las diferentes sectas, religiones, credos, partidos y facciones, que pululan a lo largo y ancho de este país predominantemente confesional, llevando su mesianismo y populismo al extremo de producir  la explosiva mezcla de un poder absolutista y excluyente.

Y un individuo incapaz de discernir y asumir, motu proprio, su condición de sujeto de libre discernimiento; un hombre o mujer, sometido y dependiente de alguien a quien considera y asume investido de  poderes y verdades inmutables, al cual debe sumisión y subordinación de vasallo y para el cual está presto a cumplir cuanto le ordene.

Y todo, en nombre de un orden, de un poder, inmutables; de una cruzada de exterminio y exclusión contra todo aquel que contraríe los fines clasistas, mesiánicos y populistas de sus religiones, iglesias, credos, ideología.

De esos está llena Colombia y cada vez son más y más provocadoras sus agresiones en contra de la diversidad política y de género; en contra de las disidencias que se oponen al caldo de la corrupción y la disolución ética en el que nacen y se reproducen  los poderes que los manipulan y los convierten en masa maleable para favorecer sus intereses.

Llegado está el tiempo de atreverse a... De proclamar el derecho al miedo como conjuro para espantarlo. O, para enfrentar a quienes sonsacan a diario nuestra paciencia, tolerancia, inteligencia, valores, ideología y convicciones políticas.

Nuestra capacidad de resistencia, nobleza, condición socioeconómica. De respeto al otro en todas las dimensiones de su condición de sujeto de derechos, de oportunidades para la inclusión y la equidad.

No más agresiones impunes instigadas y planeadas por el poder absolutista y ejecutadas  por los “verracos” convertidos en objetos manipulables, instrumentalizados, que se traducen en el genocidio de líderes sociales, en la violación y asesinatos de niñas y mujeres, en el exterminio de militantes y simpatizantes de organizaciones de izquierda, en la oposición cerrera a los acuerdos de Paz con las guerrillas.

Atrás las hordas de cretinos que cumplen directrices contra la libertad de pensamiento, política, ideológica, de intelectuales, artistas, pensadores, periodistas, columnistas, académicos, que contrarían y cuestionan el poder omnímodo, absolutista, de sus manipuladores.

La verdad inmutable, revelada, incuestionable, de sus ideas; el origen divino de sus pastores, predicadores, líderes políticos; el unanimismo sesgado y parcializado de sus medios, redes sociales y periódicos.

Si el miedo se excusa en el derecho a tener miedo, también nos impele al coraje de enfrentar sus causas, agentes, promotores, poderes.

¡Quién dijo miedo!

Poeta
@CristoGarciaTap
 

 

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