Por: Jorge Eduardo Espinosa

¿Quiere ganar? ¡Mienta!

Posverdad es la palabra del año para el Diccionario Oxford.

La define como “Relativo o referido a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales”. Se refiere a la victoria de Donald Trump en las elecciones en Estados Unidos y al triunfo del Brexit en el Reino Unido. Anota Oxford que los analistas políticos de aquí y de allá han incrementado su uso convirtiéndola en “un término habitual” en escritos y debates. La definición que ofrece Oxford es, por supuesto, diplomática. Lo que posverdad quiere decir es que en este tiempo, nuestro tiempo, la verdad ha dejado de importar. No es que los “hechos objetivos” sean menos influyentes, es que han dejado de serlo. Sin más. Y no hablamos acá de la verdad derivada de la pregunta filosófica por la esencia de las cosas del mundo, ni de la verdad que se descubre removiendo el velo que la esconde, no, hablamos de la verdad en los hechos más simples y tangibles.

Como ejemplo, una nota en El País de España cuenta cómo, dos días después del triunfo, el presidente electo de los Estados Unidos escribía en un trino: “Wow, @nytimes está perdiendo miles de suscriptores por la cobertura errónea del fenómeno Trump”. El periódico no tardó en contestar en otro trino: “Hecho: nuevos suscriptores, en impreso y en digital, 4 veces más de lo normal”. ¿Cómo funciona la posverdad? Simple: los miles que, por la razón que sea, detestan al periódico, creerán la versión de Trump, falsa, sin importar lo que digan los hechos. Esta es otra manera de decir que “las creencias” valen lo mismo que “los hechos”. Las creencias, en estos tiempos de la posverdad, configuran realidades. Este estado de cosas también ha ocurrido en otro tiempo. Y es que mentir ha sido siempre propio del hombre. Lo que ahora cambia se resume en dos palabras: Internet y alcance. El trino de Trump fue compartido 35.000 veces. La respuesta del Times, con la verdad, solo 2.600. Ese, tal vez, es el único hecho que importa todavía: la noticia falsa, la declaración inventada, tiene que llegar primero que su desmentido, que la verdad.

En ese sentido, lo novedoso del fenómeno Trump y la posverdad es que por primera vez una figura tan poderosa en términos mediáticos ha decidido, de frente y sin complejos, asumir la posición del mentiroso permanente. Y en todos los escenarios: prensa, televisión, radio… y sobre todo, en redes sociales. Ted Cruz, quien fuera rival de Trump en las primarias, declaró en una entrevista antes de elecciones que el millonario de Nueva York era un mentiroso compulsivo, un hombre que no podía distinguir la verdad de la mentira, un tipo que se creía todas sus ficciones. Es así. Y no es que Trump sea el primer político mentiroso, es que nunca antes la mentira fue tan frecuente y tan efectiva en sus alcances como ahora. Hoy, mientras usted lee esto, hay millones de estadounidenses que están convencidos de que Obama, por poner un caso, fundó y patrocinó al Estado Islámico. Eso, que Trump repitió como un hecho en mítines de campaña y en distintas entrevistas, es lo que decidieron creer millones de personas. No importa más lo que digan expertos y académicos, lo que explique el periodismo, no, lo que importa es lo que algún “nosotros” decida creer. Fin de la discusión.

Volvemos entonces a la ecuación creencias = hechos. Y una de las inmediatas consecuencias es que ya no hay un consenso sobre lo que es un hecho. Trump, en su inteligencia, decidió utilizar su poder en redes para circular, diariamente, noticias falsas. De todo tipo: estadísticas sobre blancos asesinados por negros, vínculos inexistentes entre Clinton y Estado Islámico, certificados de nacimiento falsos de Obama… Trump ha sido el primer gran candidato político que ha legitimado la mentira, de frente y sin excusas, como estrategia electoral. Funcionó a las mil maravillas. En la era de la posverdad, cada “conectado” con miles de seguidores lleva la suya en el bolsillo del pantalón. Basta presionar enviar para empezar a crear los hechos. Nada más se necesita.

@espinosaradio

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Jorge Eduardo Espinosa

Crónica de un fracaso anunciado

La intolerancia liberal

El médico de la muerte

Duque contra los radicales

Tenemos que hablar de marihuana