Por: Aura Lucía Mera

Quiero compartir

Ya llegó el niño Dios. Santa recorrió el mundo entero en su trineo dejando millones de regalos en los árboles de luces, debajo de las camas, dentro de las botas colgadas de las chimeneas, y se coló por todas las hendijas.

También se le olvidaron millones de niños que no encontraron nada... sólo hambre, frío, tristeza y soledad. Pero en fin, este viejo volador en trineo, que les ganó a los reyes magos que se quedaron quietos mirando al Niño, también solitario, entre sus papás, la mula y el buey, hizo lo que pudo. No se le puede pedir más.

Le toca repartir juegos electrónicos, muñecas, cobijas, ollas, aspiradoras, televisores, chocolates, tortas, pulseras, collares, libros, mercados, relojes, ropa, lavadoras, pintalabios, leggins, calzones, quesos, chorizos, manjar blanco, carritos de juguete y de verdad...

Uno de mis nietos le dejó una carta con su foto para que no lo fuera a confundir con otro niño y le dejó un cartón con leche y unas galletas oreo por si se sentía cansado o tenía hambre de tanto correr. En fin.

Yo por lo pronto, en medio de esta época de odio, polarización, populismo, mentiras virtuales y corrupción, les quiero compartir el escrito de una amiga que nos leyó en un almuerzo navideño, en el que nos reunimos todos los años para brindar por la amistad.

“Gracias Señor por todo lo que me diste en el año que termina. Gracias por los días de sol y los nublados y tristes. Por las tardes tranquilas y las noches oscuras. Gracias por la salud y por la enfermedad. Por las penas y las alegrías.

Gracias Señor por todo lo que me prestaste y luego me pediste. Gracias por la sonrisa amable y la mano amiga. Por el amor y por todo lo hermoso y dulce. Por los colores y las estrellas. Por la existencia de los niños y de las almas buenas.

Gracias por la soledad, por el trabajo, por las inquietudes, por las dificultades y las lágrimas. Por todo lo que me acerca a ti. Gracias por la vida, el abrigo y el sustento.

¿Qué me traerá el año que empieza? Lo que tú quieras, Señor, pero te pido fe para mirarte en todo. Esperanza para no desfallecer. Caridad para amarte cada día más y hacerte amar de los que me rodean.

Dame paciencia y humildad. Desprendimiento y generosidad. Dame, Señor, lo que tú sabes que me conviene y yo no sé pedir.

Que tenga el corazón alerta y el oído atento. Las manos y la mente activas. Y que esté siempre dispuesta a hacer tu Santa Voluntad.

Derrama, Señor, tu Santa Voluntad sobre los que amo y concede tu Paz al mundo entero. Gracias, Señor”.

Yo me uno a esta plegaria. Quiero invitarlos a unirse... a dar las gracias y a darnos la mano y un abrazo de paz y reconciliación. Todos somos hermanos, pasajeros momentáneos de este planeta azul. ¡Es el momento del perdón y el amor!

 

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