Por: Gonzalo Silva Rivas

Realismo de la paz

La percepción de seguridad que transmite la firma y refrendación del acuerdo de paz con las Farc será un poderoso motivador para que muchos colombianos se desplacen este fin de año por las distintas regiones del país.

El ambiente de relativa confianza y tranquilidad en materia de orden público, sin duda, estimulará la demanda de viajeros nacionales, incluida una buena tajada de quienes suelen viajar al exterior y deciden apuntarle al producto local en respuesta a la elevada cotización del dólar.

La consecuente devaluación del peso frente a la moneda estadounidense permitirá también acrecentar para esta temporada los flujos de turistas extranjeros, motivados por la tasa de cambio. Una moneda barata vuelve atractivos los precios y hace rendir el dinero. Desde el año pasado el efecto cambiario registra señales favorables, con un incremento cercano al 20 por ciento en la llegada de viajeros foráneos. El turismo receptivo local se alimenta en su mayoría de ciudadanos norteamericanos, aunque comienza a hacer presencia una corriente asiática que pese a su bajo volumen proyecta un indicador ascendente.

El turismo se abre ahora a la posibilidad de dinamizarse y consolidar su posición de jugador clave en el tablero de la economía, al poner sobre la mesa -sin los temores de otros tiempos- las credenciales que determinan su inmenso potencial de oportunidades para generar empleo e ingresos y producir valor agregado. Más adelante, con los avances en la implementación del acuerdo con las Farc, una apropiada negociación con el Eln y la decisión de saldar cuentas con las disidencias y bandas criminales que siguen delinquiendo como ruedas sueltas, podrá marcar el punto de inflexión hacia el rescate y aprovechamiento del variado repertorio de propuestas urbanas, históricas, culturales, de playa y de naturaleza, que han estado restringidas o atrapadas en el agujero negro de la violencia. 

Este remate de año reúne características diferentes que animarán a los colombianos a echarse la rodadita por la agreste geografía nacional. En un país de disímiles alternativas, hay suficiente tela de dónde cortar, con ofertas de calidad para explorar paisajes, climas y culturas, bien sea adobadas con buena dosis de alegría caribe, folclor pacífico, dulce sabor a caña valluno, simpatía antioqueña, queridura cachaca, hospitalidad pastusa o templanza santandereana.

En fin, serán muchos los sitios para conocer, revivir y gozar durante estas vacaciones, ya sea en plan de descanso o de animada rumba. Las principales capitales, con una infraestructura turística organizada y en algunos casos con ferias acreditadas alrededor de sus festividades, repetirán nuevamente como los escenarios más concurridos para disfrutar de las celebraciones de Navidad y Fin de Año.

Como platos fuertes dentro del menú turístico nacional seguirán afianzadas por su recursiva propuesta de ocio vibrantes capitales como Cartagena, Medellín, Santa Marta, Barranquilla, San Andrés, Armenia, Pereira, Bogotá, Bucaramanga, Ibagué y Villavicencio. Y no podrán faltar las ciudades que se visten de fiesta para la ocasión. Cali, protagonista de un concurrido evento decembrino; Pasto, sede del Carnaval de Negros y Blancos, y Manizales, epicentro de una emblemática y caracterizada feria de raíces españolas.

Los amantes de excursiones naturales también contarán con lugares encantadores para experimentar actividades de descanso o de alto voltaje de adrenalina durante esta temporada. Las islas del Rosario; Ocaña; Puerto Nariño, Tobia, San Agustín, el Cabo de la Vela, la red de Municipios Patrimonio -entre ellos Aguadas, Barichara, Honda, Monguí, Salamina, Mompox y Villa de Leyva-, la ruta religiosa -Ipiales, Chiquinquirá y Tunja, entre otros- y La Macarena, donde se explaya Caño Cristales, el río más hermoso del mundo, se presentan en el catálogo de las posibilidades como ofertas sugestivas, novedosas y competitivas.

Celebrar las fiestas decembrinas en el país siempre será una buena apuesta, muy diferente a la que puede hacerse en otras regiones del mundo, donde las tradiciones son menos arraigadas. Con la espontánea alegría de nuestras gentes e imbuidos en este contagioso ambiente tropical y caribeño, no existirá mejor razón que empezar a transitar por el camino del posconflicto, sacándole jugo a unas festividades genuinamente colombianas, para ir descubriendo –después de más de medio siglo- a qué sabe el mágico realismo de la paz.  

ADENDA: A los amables lectores muchas gracias, feliz Navidad y próspero 2017.

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@Gsilvar5

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