Por: Augusto Trujillo Muñoz

Recuperar el consenso

El triunfo de Donald Trump ha impactado tanto en el mundo, que los liberales no se reponen del golpe y los populistas no cesan de celebrarlo.

Alfonso Gómez Méndez pregunta en su columna de El Tiempo si la democracia está en crisis y el ‘Columnista Invitado’ de El Espectador, si la democracia está muerta. Las preocupaciones de ambos tienen que ver con el desapego del ciudadano común por las instituciones del Estado, pero también con las reacciones de diversos grupos sociales después del resultado electoral norteamericano, del brexit inglés o de nuestro plebiscito del 2 de octubre.

Por su parte Rubén Amón, en El País de Madrid, haciendo uso de un neologismo, se refiere a la posverdad para expresar lo que han significado, como conmoción, los fenómenos referidos. Es verdad, dice Amón, que Trump ganó las elecciones. Pero también es una posverdad, o una metaverdad, porque no se hubiera producido sin variables como la emoción o el sentimiento, gravitando por encima de la reflexión o del razonamiento.

Al mismo tiempo Ana Gutiérrez en la revista Semana menciona a  Slavoj Zizek, quien recurre a la tesis de Noam Chomsky sobre la “fabricación del consentimiento”. A su juicio los medios de comunicación transmiten las opiniones de las elites o de los gobiernos para generar una idea aceptada. En ese orden el consenso democrático no se construye, se fabrica. Y llega un momento en que el acuerdo no funciona por ausencia de participación. De una participación que no puede ser simplemente electoral, sino presencia activa a través de otros mecanismos para la toma de decisiones.

Recuperar el consenso no es un problema de cúpulas sino de deliberación ciudadana. Los miembros de una sociedad plural deben poder debatir la problemática que los afecta en términos aptos para obtener consensos mínimos, es decir, para garantizar el funcionamiento de unas instituciones legítimas, no simplemente legales. Ese es el consenso necesario para evitar la polarización y los enfrentamientos. Como se ve, no es una connivencia para la repartición de privilegios. Es un acuerdo al cual se llega a base de deliberación democrática.

Probablemente la crisis de paradigmas característica de la época actual, no solo afecta al Estado, a los partidos, a las formas de gobierno, sino a la democracia misma como sistema. Pero será necesario precisar que se trata de la clásica democracia liberal, la que se concierta desde arriba sin reparar, ni consultar los sonidos plurales de la sociedad. La democracia que impone por la vía administrativa o jurisprudencial, decisiones que deben ser legislativas o políticas.

Por eso es necesaria la deliberación ciudadana, su intervención en la toma de decisiones que la afecten. Esa es la base de la llamada democracia de consenso. Sin ella es imposible lograr acuerdos de fondo en sociedades plurales, sobre cuando son tan heterogéneas, desiguales y excluyentes como la nuestra. Pero a eso se tienen que comprometer los gobiernos. De lo contrario, cada día serán más prosperos los populismos.

* Exsenador, profesor universitario. @inefable

 

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