Por: Luis Carvajal Basto

Reficar: Festival de la desidia en Cartagena

Si necesitábamos una prueba de que corrupción y mala gestión no son exclusivas en el sector público, aquí hay una difícil de superar.

Lo primero que se debe decir sobre la ampliación de la refinería es que se trata de un proyecto estratégico de la Nación. Genera, y ha generado, empleos y aumenta el valor agregado de la producción petrolera, ahora con un menguado horizonte. También, que en el futuro debe producir importantes ingresos al Estado.

El informe de la Contraloría advierte, tardíamente, que los sobre costos duplicaron el valor del proyecto, pasando de 3993 millones de dólares en 2009 a 8.016, “sin contar con la demora de más de dos años para entrar a operar”, periodo en el que dejó de recibir beneficios estimados en 1.106 millones y ocasionando pago de intereses por 313.Pero, a pesar de la denuncia y gran exposición mediática, la Contraloría no ha empezado un juicio fiscal contra los responsables.

Existen hallazgos puntuales como que el 18% de los contratos terminaron costando el doble de lo inicialmente pactado, la mayor parte desarrollados por la firma privada CB&I a quien, en la práctica, se le concedió franquicia para desarrollar sus actividades con las consecuencias que ahora conocemos. Sus onerosas compras estuvieron por fuera de las normas de contratación estatal, en una modalidad conocida como costos reembolsables. Se otorgan anticipos y los justifica con facturas.

Pero todo esto fue después de que el Estado colombiano consiguiera un socio estratégico, la firma Glencore, aduciendo razones como falta de experiencia y la necesidad de un aliado que fondeara el desarrollo del proyecto para no comprometer fiscalmente a la Nación. Esa firma, arguyendo, como el Estado, falta de experticia en proyectos de esta naturaleza (?), volvió a vender su participación al Estado a través de Ecopetrol, que no tuvo más remedio que comprarla y seguir adelante. Mejor dicho: Glencore aparentemente perdió en su operación (compró el 51%por 630.7 millones de dólares y vendió, en 2009, por 549) pero los sobrecostos que ahora conocemos han corrido por cuenta de los contribuyentes. “Perder por conocer tampoco es mucho perder”, dicen en el Llano. Glencore lo entendió y se quitó a tiempo del negocio. Pero antes de eso, en 2007, dejó contratada a CB&I, una empresa que, a diferencia del Estado y de Glencore, si “sabía”.

Vale recordar que en 2012, cuando los sobrecostos eran del orden de 1.500 millones de dólares, el entonces presidente de Reficar, Orlando Cabrales, debió renunciar luego de públicas discusiones con el entonces ministro de Hacienda y hoy presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverry, a quien le parecía una exageración y afirmaba, entonces, que “"Con 1.500 millones de dólares se podría atender durante un año completo a miles de las familias más desamparadas del país". ¿Cuantas ahora cuando los sobrecostos valen más de 4.000?

Lo de Reficar parece la suma de todos los males, con corrupción y sobrecostos del 17.000%(¡) en algunos rubros, etc. Pero destaca que el proyecto, mayormente, estuvo a cargo de empresas privadas, lo que contradice el supuesto de eficiencia del sector privado esgrimido por muchos como panacea. Corrupción y mala gestión no tienen color, género, ni ámbito particular. Por encima de la política y las ideologías, buena y mala gestión existen.

Finalmente sobresale la indolencia y falta de sentido de Estado como patrimonio de todos (¿Dónde estarían defensores del pueblo, Contralores etc.?). Desidia que, de acuerdo con la Real Academia, significa “negligencia o falta de cuidado”. Se “esfumaron 4.000 millones de dólares en un festival de indiferencia e improvisación.

Y todos tan tranquilos.

@herejesyluis

Posdata: El Banco de la República siguió subiendo, hasta 6 puntos, la tasa de interés, una medida claramente recesiva. No parece que sirva para atajar una inflación que no ocurre por exceso de demanda si no por encarecimiento importado y reducción de la oferta. Si se le buscan “pelos” al asunto, puede ser que esté tratando de aumentar el flujo de dólares hacia Colombia y por esa vía reducir la inflación pero los efectos negativos son muchos en un momento de incertidumbre en que Estados Unidos y Europa están “quietos en primera base” .

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