Por: Antonio Casale

Reflexiones de Año Nuevo

Si usted es de los que van por la vida cosechando victorias en su vida personal sin conocer la derrota jamás, es mejor que no siga leyendo. En cambio, si usted es como la mayoría, una persona acostumbrada a que las victorias son escasas y las derrotas son muchas más, pero aún así persiste en su vida laboral y personal por lograr marcar cada gol a punta de sacrificio y constancia, esta columna le puede venir bien.

Nosotros los mortales, los que perdemos más veces que las que ganamos pero disfrutamos con cada pequeño triunfo de la vida, la pasaríamos aún mejor si no endilgáramos en los demás la responsabilidad de lograr lo que nosotros no somos ni seremos capaces jamás: ganar siempre.

La vida y el fútbol no dejarán de ser analizados a partir del resultado, pero la vida es más bonita cuando vamos más allá de los fríos números. Cuando le damos valor al cómo se buscan esos trofeos, bien sea atacando o defendiendo, todos los métodos, siempre que estén dentro del reglamento, tienen un valor especial.

Sería lindo aprender a disfrutar el camino. La inmensa mayoría ha dejado de observar los partidos para preguntar por el resultado y ya. El partido tiene tantas cosas para celebrar y para sufrir que es inmerecido hablar solamente del marcador.

Sería hermoso aceptar que la suerte también existe. Hay que trabajarla, es verdad, pero existe. O qué decir de aquel balón que pega en el palo, entra y define un campeonato. La misma jugada pudo terminar en que tras pegar en el poste saliera desviado y el título se hubiera ido para el otro equipo. La suerte juega, no lo duden.

El día que aprendamos a no ignorar nuestra ignorancia infinita, esa que nos hace buscarle razones a todo, a dividir entre buenos y malos, ganadores y perdedores, tal vez ese día disfrutaremos más las victorias y no sufriremos tanto en las derrotas porque al final no son más que eso, derrotas, tan anecdóticas las propias como las del equipo amado. Ese día seremos más curiosos por aprender y tendremos menos necesidad de calificar o descalificar lo ajeno.

Soy romántico y hasta apostaría que todo eso se puede lograr. Pero basta con entrar un rato a Twitter para darme cuenta de que parece imposible. Lejos de lograr unirnos, como sería el objetivo de las redes, nos polarizamos cada vez más.

Ojalá el fútbol y el deporte puedan ayudar a cambiar un poco el panorama. Los valores que ofrecen deberían ser la base sobre la cual aprendiéramos a aceptar nuestras diferencias y a no juzgar a los demás a punta de injurias calumniosas y agresivas por el solo hecho de ser diferente. Feliz 2017.

 

 

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