Por: Felipe Jánica

Reforma ¿Tributaria o estructural?

Si bien es cierto a Colombia le urge implementar políticas de Estado y no de gobiernos, es decir de corto plazo, la reforma tributaria emerge como una de las posibles soluciones de cara a la implementación de estrategias en el largo plazo.

Bien es sabido que la reforma tributaria que se avecina no tiene vuelta reversa. Ya son varios los escenarios en los que, no sólo el Ministro de Hacienda sino muchos actores de la economía nacional – tanto privados como gubernamentales – han manifestado la intención de presentar la reforma tributaria estructural en el segundo semestre del año en curso. No obstante, son muchas las preguntas que surgen acerca de si esta reforma tributaria realmente será estructural, tanto como lo aconseja la OCDE, las calificadoras de riesgos, entre otros.

Si la reforma que se llegare a presentar al legislativo por parte del ejecutivo contiene o no cambios estructurales en el sistema de tributación colombiano, será el tiempo y las variables políticas a las que nos estamos enfrentando, por ejemplo el plebiscito. Del cumplimiento de las recomendaciones de la comisión de expertos, las que se podría inferir que estarían en línea con las de la OCDE, calificadoras de riesgo y el Fondo Monetario Internacional, entre otros, se podrá concluir si estaremos al frente o no de una política de Estado. Lo que realmente el Estado necesita cubrir es una necesidad de largo plazo y para ello la reforma tributaria debe ser en realidad estructural.

Los cambios que se podrían incluir en esta reforma tributaria estructural, debería ir de la mano de cambios estructurales en Estado. En la medida en que se establezca una planeación estratégica del Estado, se podrá empezar a trabajar en soluciones de largo plazo. En tal sentido si la reforma tributaria estructural que se piensa presentar sólo alude temas tributarios, entonces estaremos al frente de una reforma tributaria más. Por lo tanto, más allá de una reforma que cubra temas tributarios, el Estado tiene una oportunidad única para plantear una reforma estructural u holística en lugar de una reforma que cubra la tributación.

En esta reforma estructural se deben establecer prioridades en materia de industrialización, competitividad, productividad, informalidad económica y por supuesto la corrupción, la que no deja de ser un mal endémico. En materia industrial deben crearse mecanismos innovadores para financiar el aparato productivo y que se fomente la inversión en esta materia (tanto local como extranjera). Por ejemplo, la agilidad en la reglamentación de leyes que incentiven la inversión en energías limpias debería ser una prioridad, pues las reglas para los innovadores y emprendedores pequeños en esta materia no son nada claras. 

En lo que respecta a la competitividad, se debe trabajar conjuntamente en un plan de choque frente a los pilares más problemáticos establecidos en el reporte global de competitividad del Foro Económico Mundial, donde lo más desafiante es la corrupción, infraestructura y la tasa de impuesto –la más alta de la región–. La tasa impositiva debe ser disminuida significativamente para retomar la confianza inversionista, sobre todo por la necesidad de financiación de la precaria infraestructura actual.

Por último y no por esto menos importante, es necesario que desde el Ministerio de Hacienda se tenga claro que la tributación y la contabilidad de las empresas tienen objetivos diferentes. El objetivo de las empresas es maximizar las utilidades, mientras que las de los Gobiernos y de las entidades tributarias es maximizar los impuestos y que se paguen a tiempo. Con esto, se debe tener claro que poner a pagar impuestos a las compañías con las nuevas normas contables colombianas (NCIF- Normas de Contabilidad e Información Financiera), las que están basadas en NIIF (Normas Internacionales de Información Financiera) no tiene sentido. En cualquier país del mundo siempre existen diferencias entre la contabilidad tributaria y la financiera. Así las cosas pretender igualarlas nos convertiría en el primer país del mundo moderno en cambiar, lo que a mi gusto es incambiable.

 

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