Por: Aura Lucía Mera

Repudio

Toda dictadura, sea de extrema derecha, izquierda o camuflada de falsa democracia, es malsana, abusiva, irrespetuosa y arbitraria. Culpable de crímenes atroces, genocidios, violaciones constantes a los derechos del individuo, a la libertad de expresión, a la cultura y a la libre lectura.

Los regímenes dictatoriales prohiben “el derecho al ladrido”, polarizan las ideas, tejen redes macabras donde el vecino es el espía, la amistad incondicional es escasa y los pueblos son sometidos a obedecer como borregos, so pena de ser ejecutados, encarcelados o señalados como enemigos “del régimen”, sea este cual sea.

Todos los dictadores, sin excepción, se enriquecen de forma obscena y se autorregalan privilegios que están vetados para sus pueblos. Se mutila lo más sagrado del ser humano que es su libre albedrío. Su capacidad de escoger y decidir. Se anula la individualidad a base de falsas promesas o amenazas. La mayoría de las veces se manipula con mentiras prometiendo “la igualdad y la equidad” para los más pobres y vulnerables, mientras la realidad es la supervivencia, ya sea por sumisión o por temor.

Ninguna dictadura ha tenido un final feliz... Remember Hitler, Franco, Mussolini, Stalin, Amin Dada, Ghadafi, Videla, Pinochet, para nombrar solo algunos. La única herencia que deja es la desorientación, la polarización, el odio represado y el lento y durísimo despertar para tratar de inventar una vida nueva, diferente. Tratar de cerrar heridas muy profundas y trabajar la reconciliación y el perdón.

Traigo el tema a colación con la muerte de Fidel Castro. Aquel comandante carismático que en los años 60 nos enamoró a toda una generación. El héroe que logró, con un puñado de “compañeros barbudos” llenos de ilusiones, derrocar uno de los mayores tiranos, Fulgencio Batista, cuyo mayor logro fue permitir que Cuba se convirtiera en el prostíbulo de Norteamerica, entre otras cosas...

Sin embargo, los años pasaron y el romanticismo del cambio para lograr una sociedad más justa fue desapareciendo en la medida en que Castro se perpetuó como el rey absoluto de la Isla, sumiendo a sus habitantes en la profunda represión y crisis económicas... Desdibujando los logros en los campos de la salid y la alfabetización.

Zorro, astuto y político, sagaz, simpatizó y apoyó a Chávez para lograr financiación económica y jugó con la “socialización revolucionaria” de Argentina, Bolivia y Ecuador, con líderes caricaturescos, corruptos y funestos para sus respectivos países que viven actualmente crisis económicas y de credibilidad.

Cambió radicalmente, para bien o para mal, la historia latinoamericana, que dejó de ser colonia de Estados Unidos para tomar caminos diferentes, todavía con futuros inciertos.

Su gran error fue perpetuarse en el poder y llevar, con su arrogancia, al total fracaso de lo que comenzó como una utopía para lograr una sociedad más justa y equitativa... La imagen del Che seguirá viva en la memoria colectiva de la humanidad como el romántico revolucionario. Fidel también vivirá eternamente en la historia de este continente, pero para muchos de non grata recordación.

De todas formas, repudio a todos los que han aplaudido y bailado su muerte. Estas manifestaciones demuestran la barbarie y el odio que tantos llevan incrustado en el corazón.

 

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