Por: Uriel Ortiz Soto

¡Réquiem por el conservatismo!

Con la vergonzosa convención conservadora recientemente celebrada, no queda más que convocar a sus huestes para que por lo menos le den cristiana sepultura, con la participación de sus principales escuderos y sepultureros, entre ellos, los señores congresistas, y quienes han oficiado de directores en las últimas décadas, puesto que han sido inferiores a sus designios ideológicos.

Si analizamos las estructuras conservadoras universalmente, nos damos cuenta cómo las derechas se están posicionando y sus postulados bien aplicados en los programas de gobierno y planes sociales de desarrollo, se imponen frente a cualquier programa de gobierno, para lograr este objetivo en Colombia, se requiere de unos dirigentes probos y honestos, que no estén mirando intereses foráneos para sus apetencias personales y familiares.    

Desde luego, que no faltarán los románticos y nostálgicos, que con tal de acceder a una porción de mermelada gubernamental o burocrática, quieran seguir sosteniendo un partido famélico, que ideológicamente está hecho trizas en la conciencia nacional y se ha convertido en el  hazmerreír de la democracia en Colombia. 

Los pocos planes y programas de desarrollo presentados por los congresistas conservadores en los últimos gobiernos liberales, son su esencia ideológica, que si bien algunas de ellas han prosperado, ha sido en detrimento de sus postulados, que día a día se ven menguados a cambio de negociados y trapisondas politiqueras. 

Con el fin de dar nacimiento a un nuevo partido, el actual, debe ser sepultado con los escombros ideológicos de quienes lo han dirigido y que deberán servir de oficiantes, para dar paso al nacimiento de uno nuevo generacional, que sea fuerte ideológicamente, y donde las nuevas generaciones las protagonistas de su estructura, formación y tracen su propio futuro.
 
Considero que llegó el momento de darle cristiana sepultura a los despojos de lo que fue el glorioso partido conservador de las épocas doradas, donde el respeto por las instituciones se escribía con el tesón de la ideología, y sus dirigentes eran respetuosos de las gestas electorales, jamás traicionaron su palabra empeñada en la tribuna y plazas públicas, bajo la mirada inquisidora de quienes lo dirigían con amor, altruismo y servicio de patria. 

En la pasada convención conservadora, quedó plenamente demostrado, que existe un enorme vacío entre la grandeza de los postulados del conservatismo y sus dirigentes, que demostraron no tener un ápice de autoridad moral para encausarlo por los senderos democráticos con opción de poder, considero que si se hace un examen de la doctrina conservadora a los dirigentes del partido, podemos tener la absoluta seguridad que todos se rajan, o simplemente responderán por el partido parroquial izado o sin fronteras, con el simplismo de ser un conjuro de limitantes ideológicas.

Vergonzosamente los congresistas de siempre, demostraron que no tienen identidad de partido, más sí apetitos burocráticos y de contratistas con el Estado; lo más grave, utilizando sus curules patrimonio sagrado de sus electores, para canjearlas por todo tipo de prebendas; si se hace una investigación a la luz de las normas electorales, estarían incursos en una serie de delitos, que los dejaría sin curul en caso de ser demandados ante las instancias legales

Es esta una de las razones para que el conservatismo esté postrado y anquilosado donde se encuentra, puesto que los abusos de sus dirigentes jamás han tenido una sanción de parte de su veeduría o de las autoridades electorales.

Definitivamente el conservatismo no levanta cabeza, cada período legislativo que pasa, o convención que se celebra, confirma más su dependencia, sumisión y obediencia de  los gobiernos liberales, para lograrlo  utilizan todo tipo de artimañas que no se compadecen con el sano ejercicio de la política, es hasta criminal que dirigentes conservadores en épocas de campaña recorran las plazas públicas, prometiendo lo divino y lo humano a nombre del partido, cuando logran su curul, lo primero que hacen es hincarse de rodillas como humildes borregos ante los gobiernos de turno a cambio de negociados y componendas politiqueras.

La convención conservadora del 27 de noviembre fue toda una vergüenza, las guachafitas que se presentaron dejaron un sabor de desencanto y frustración, puesto que hubo ultrajes y maltratos entre varios copartidarios y los convencionistas mermelados, que fueron contratados por los congresistas conservadores, para que en su nombre aspiraran a la dirección nacional del partido, son unos ilustres desconocidos, simplemente estarán allí para servirles de estribo, cumpliendo sus órdenes como humiles borregos que llegan a los mataderos ideológicos de la desgracia.  

Pero lo más graves, es que estos arrodillamientos no son gratuitos, chocan contra los principios del ordenamiento moral y juicio, que debe prevalecer en todo buen y honesto dirigente conservador, es decir, no dejarse sobornar por teorías extrañas que no corresponden a sus postulados universales.

Lo anterior lo decimos puesto que los señores congresistas conservadores, se hacen elegir en las plazas públicas con votos de su partido, pero luego endosan sus curules a los gobiernos liberadles a cambio de: burocracia, mermelada y contratos, esta odiosa práctica viene ocurriendo desde hace varias décadas y quienes han dirigido el partido hacen caso omiso de semejante engaño a sus electores.  

Definitivamente al paso que va el conservatismo, todos los días se parece más a un menjurje de ideas de todas las corrientes políticas, que no guardan ninguna identidad y coherencia con sus postulados plasmados en las más sacras ideologías de la teoría de la razón y del deber ser, pilares fundamentales  que guarda los ordenamientos jerárquicos que se imponen para una adecuada administración de un Estado de Derecho.

Lamentablemente no hemos entendido que las teorías conservadoras son la esencia de todo poder gubernamental, cuando se habla de libertad, justicia social y orden, no son más que la esencia de principios y valores, que guardan plena identidad con la normatividad  jurídica y administrativa que regula todo Estado de Derecho.

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