Por: Mauricio Botero Caicedo

Resignación, paciencia, sumisión y mansedumbre

El Ministerio de Transporte y sus instituciones adscritas, como la Aeronáutica Civil, son en realidad dependencias del Ministerio de Educación, entidad cuya misión es enseñarles a los colombianos las virtudes de resignación, paciencia, sumisión y mansedumbre. Y en verdad no lo hacen del todo mal.

El miércoles pasado, un vuelo desde Cali que debería llegar a las siete de la noche, aterrizó a las 11:30. Supuestamente la causa fue alteraciones climáticas en El Dorado, terminal en la que al Estado —y obviamente al concesionario— le interesaba mucho más ubicar y exprimir tiendas y presuntos centros de lavado como La Riviera, que invertir en tecnología de punta (incluyendo las inversiones para manejar el tráfico aéreo) que permitiera aterrizar y despegar a los aviones en condiciones climatológicas adversas, como ocurre en todo país desarrollado. Tampoco se dieron las inversiones en las puertas de embarque y desembarque para el creciente número de pasajeros. La concesión de El Dorado y el manejo aeronáutico, más que un escándalo, son la “prueba reina” de la ineptitud de nuestros burócratas.

Pero no sólo es en los aeropuertos en donde al colombiano le enseñan las virtudes de resignación, paciencia, sumisión y mansedumbre: en el occidente colombiano se desarrolla buena parte de la actividad económica nacional. Por el puerto de Buenaventura fluye el 65 % del comercio exterior del país. Uno pensaría que unas excelentes vías de comunicación serían la prioridad de todo gobierno. Con unos pocos retoques, atravesar La Línea es la misma pesadilla que era hace cerca de un siglo, fecha en que se pensó construir un túnel. J. M. Caicedo, en un excelente artículo el pasado lunes (El Tiempo, dic. 12/16) describe esta tragicomedia: “Todo se remonta a la década del 20, cuando el Gobierno, en una suerte de inventiva revolucionaria, barajó la posibilidad de hacer un túnel férreo para conectar el tren del Pacífico con el tren de la región central. Tanto eco llegó a tener la iniciativa que, incluso, un batallón de obreros se adentró en la base de la cordillera Central para iniciar, con picas y palas en mano, las excavaciones de las llamadas bocas de túnel. Con el paso del tiempo, la visionaria idea se convirtió en flor de un día y los gobiernos subsiguientes dejaron el proyecto en los anaqueles del olvido”.

Apostilla 1. Tildar —como lo hace Horacio Serpa— al lavador de dinero y secuestrador de las Farc Simón Trinidad como “un intelectual, un ícono ideológico de las Farc” es tan peregrino y ridículo como designar “agricultores insignes, íconos de la agronomía” a los guerrilleros de esta organización que sembraban las minas quiebrapatas.

Apostilla 2. Uno solo puede ver con deleite y fruición malévola las contradicciones y obstáculos que enfrenta en Colombia una izquierda más desunida y fragmentada que nunca. Los “mamertos” y sus simpatizantes ya no saben si irse con el incompetente y poco fiable Gustavo Petro, con el depositario de la verdad revelada Jorge Enrique Robledo, con el dogmático marxista-leninista Iván Cepeda o con la correveidile del chavismo, Piedad Córdoba. Tampoco está del todo claro, ¿dónde está Clara? ¿O será que huestes izquierdistas van a terminar es en una cama franca, liderada por las Farc y el Gobierno, todos arropados bajo una equívoca manta que ellos mismos definen como “Gobierno de transición”?

 

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