Por: José Fernando Isaza

Ricos

Para justificar la derrota de su partido Progresistas, Petro declaró que casi había acabado la pobreza; como la clase media y alta no es su electorado, y los pobres, poco agradecidos con su benefactor, al subir su ingreso dejaron de votar por el partido de Petro.

Peñalosa, para justificar que no piensa mejorar la movilidad de quienes usan el vehículo particular, sino por el contrario va a operar la oficina de “mortificación ciudadana” cerrando carriles, dilatando la construcción de vías perimetrales modificando su diseño para que tengan amplios andenes, donde no hay peatones; aduce que los vehículos particulares solo los usan los ricos. Sus ideas no han incidido en el diseño de las vías de cuarta generación, si son bien costosas, qué tal con aceras y ciclorrutas en los túneles.

Es posible que Petro y Peñalosa tengan ambos razón, que no hay casi pobreza en Bogotá y por lo tanto quien tiene un vehículo con alta probabilidad no es pobre y dentro de la lógica binaria es rico. Las estadísticas no avalan las hipótesis.

De acuerdo con los últimos datos disponibles (2014), el número de hogares en Bogotá es 2´251.170, la población es de 7´794.400 habitantes, promedio de 3,46 habitantes por hogar.

Para el mismo año el número de vehículos particulares matriculados en Bogotá ascendía a 1’450.000. El parque total de la ciudad es de 2’042.000 unidades. El número de vehículos particulares en Bogotá es superior, no se consideran los vehículos matriculados en los municipios vecinos.

La distribución de hogares por estrato socioeconómico es la siguiente: estrato uno: 7,98 %; estrato dos: 38,50 %; estrato tres: 37,03 %; estrato cuatro: 10,78 %; estrato cinco: 3,22 %; estrato seis: 2,49 %.

No hay estadísticas de multimotorización en los hogares, por lo que se hacen las siguientes hipótesis razonables. En el estrato seis, el promedio de carros particulares es 2,1. Se estima que en el estrato 5 los hogares tienen un promedio de 1,2 vehículos. Bajo estas hipótesis, el número de autos en lo que puede llamarse estratos de población “rica” es de 205.000 vehículos. Quedarían en propiedad de los estratos medio y bajo 1’245.000 vehículos, el 81 % de todo el parque. Aun suponiendo que el 60 % de los hogares de estrato cuatro son propietarios de carros particulares. Los estratos 1, 2, 3, bajo y medio bajo tendrían 1’100.000 autos, el 76 % de todo el parque. El auto no es solo un medio de transporte, es un instrumento de trabajo.

Hace 30 años el precio de los autos, medido en términos de ingreso, era sensiblemente mayor que hoy. La reducción de aranceles, la apertura de mercados, las menores tasas de interés y la revaluación del peso, que se prolongó hasta mediados del 2015, explican por qué el auto dejó de ser un objeto de lujo que los “ricos” usan, en opinión de los funcionarios fundamentalistas, para congestionar y contaminar. El vehículo se emplea porque las alternativas del inseguro e incómodo transporte público son más “costosas”, en términos de bienestar individual, que el vehículo particular. Los impuestos de rodamiento y gasolina deben reflejar los costos sociales del uso del carro particular. Si el transporte colectivo, deseable y ecológicamente más amable es una real alternativa, el uso del carro individual se reducirá. Tratar casi como delincuentes a quienes por razones de edad, de limitaciones físicas o de distancia no pueden ser ciclistas o transmilenistas, es discriminarlos.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de José Fernando Isaza

Vajilla

Inestabilidad

Realidad

Colateral

Símil